Desde el nacimiento de nuestra Nación allí en 1810, nuestro país se dirimió en grandes luchas intestinas entre federales y unitarios, donde estos últimos pretendían el dominio absoluto de Buenos Aires sobre el resto de las provincias, ya que todo el interior del país debía tributar al "centralismo porteño y su puerto como única aduana". Son muchas las voces que se alzaron en contra de la hiper concentración económica, de poder político y si se quiere también hoy el poder de los "medios de comunicación" que se le daba a Buenos Aires y advertían las serias consecuencias de llegar a tener una Argentina con macrocefalia, con un interior "raquítico y pobre".


Alberdi, en su libro "Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina", Sarmiento en "Argirópolis", Leandro N. Alem, quien fundara la "Unión Cívica Radical" y junto a Hipólito Yrigoyen defendieran el "Federalismo Provincial" y hasta los propios "Caudillos riojanos" Facundo Quiroga y Ángel "Chacho" Peñaloza, junto al catamarqueño Felipe Varela, estaban en contra del "Hegemonismo Porteño".

"Buenos Aires es una gran maquinaria que no trabaja con, ni para el país. Absorbe brutal y ciegamente la riqueza del interior, devora presupuestos fantásticos...". 

Ya en el siglo XX, Ezequiel Martínez Estrada quien en su ensayo "La cabeza de Goliat" (1940) escribió: "Porque no supimos construir una gran nación, construimos una gran ciudad. Buenos Aires es la realización de lo que el país quiso ser: riqueza, seguridad, confort, densidad de población... Buenos Aires es una gran maquinaria que no trabaja con, ni para el país. Absorbe brutal y ciegamente la riqueza del interior, devora presupuestos fantásticos... En el orgullo de la cabeza grande está el drama de la pequeñez del cuerpo, mal nutrido y peor desarrollado. La cabeza se chupaba la sangre del cuerpo".


Félix Luna en su libro "Buenos Aires y el País" y hasta el presidente Raúl Alfonsín hablaba e intentó, sin éxito, trasladar la Capital Argentina al Sur (Viedma). Pero no fue hasta mediados del siglo XX donde se alentó la emigración de familias del interior del país al "Cordón Industrial" que rodea a Buenos Aires y creando de esta forma lo que hoy es el "Conurbano Bonaerense". 


El trato preferencial que históricamente recibe Buenos Aires es tremendo y alarmante: se lleva hoy el 83% de los subsidios al transporte frente al 17% de todo el interior.


Los gobiernos nacionales realizan sistemáticamente obras faraónicas en Capital Federal, mientras que en el interior estas llegan a cuentagotas. Incluso Buenos Aires, en los últimos años, casi triplicó el porcentaje de coparticipación federal que recibe y el poder político en las provincias sólo calla o mira complaciente y hasta sumiso esta desproporción distributiva.


La falta de un real federalismo (no formal como figura constitucional), ha provocado que la Argentina con su diversidad de riqueza en sus territorios se desarrolle en forma despareja y sostenida y la extrema concentración poblacional alrededor de la Capital Federal, no hace más que causar una gran crisis y hasta diría patología demográfica y social que nos afecta a todos en lo económico y político.

Es nuestra obligación como argentinos, el volver a diseñar una nación más justa y equitativa "para nosotros y todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar el suelo argentino".

Por Jorge Reinoso Rivera
Periodista