Entre los gratos recuerdos de mi niñez, guardo con nostalgia aquellas visitas que con mis abuelos Saúl y María Luisa hacíamos a mis tíos Juan Merino y Ernestina Aubone que vivían en la entonces angosta Av. Libertador. Además de las cosas ricas que generosamente nos invitaban, quedaron grabados en mi memoria los maravillosos sonidos que salían misteriosamente de un piano que "’tocaba por sí solo”. Lo que hacía este extraño instrumento para mí no tenía explicación posible, las hermosas piezas que ejecutaba, las producía incansablemente cada vez que accionaba los pedales la regalona hija menor de los dueños de casa, la querida tía "’Quechita” Merino.

Pasaron ya muchos años y con el tiempo aprendí que aquella fantástica máquina que se llamaba "’pianola”, era una maravilla mecánica que venía asombrando a chicos y grandes de todo el mundo desde la última década del s XIX. A lo largo de la historia no son muchos los instrumentos capaces de tocar música de manera automática, pero sin duda los más destacados en esa época eran las cajas musicales y las pianolas. La popularidad de éstas comenzó en los primeros años del s XX, pero lamentablemente para la década del 30 por la crisis de Estados Unidos, empezó a decaer su fabricación, y a partir de entonces rápidamente fueron desplazadas definitivamente por el gramófono que también lo llamábamos "’vitrola”.

Sintéticamente este ingenioso instrumento musical, funciona mediante un mecanismo que actúa por el vacío que es generado por la operación de dos pedales. Por otra parte, la música está expresada por pequeñas perforaciones practicadas en un rollo de papel que se desliza sobre una barra lectora calada. Así la secuencia de las notas se obtiene cuando cada perforación del papel coincide con un orificio de la barra. Las 88 notas del piano son ejecutadas por pequeños fuelles que actúan sobre las teclas. Posee además registros manuales que permiten ajustar el tempo y seleccionar diversos matices musicales, como piano, pianíssimo, forte, etc. Usando adecuadamente estos controles, le permite al operador manifestarle a la máquina su sensibilidad musical, materializando así una impronta personal a la obra registrada por el rollo. Estos mecanismos se perfeccionaron tanto que grandes pianistas y compositores como George Gershwin, Igor Stravinsky, Arthur Rubinstein, Ferruccio Busoni, entre tantos famosos grabaron personalmente rollos para pianola. (Ver y escuchar en: http:/ /www.youtube.com /watch?v=1BREdsqC9SY — http://www.youtube.com /watch?v=pcsz79w3Qmg)

Conociendo estos detalles, era casi imposible que aquellos relatos de imborrables recuerdos de la infancia, no despertaran en mi familia, un irresistible interés por encontrar alguna vez una pianola que fuera rescatable. La suerte nos favoreció cuando hace unos 10 años, con mi hijo Caupolicán, descubrimos una pianola arrinconada en una casona de Albardón. Con asombro vimos que a pesar de su lamentable aspecto, aún conservaba sus mecanismos originales. Este solo detalle causó en nosotros una fuerte tentación por adquirirla. Cerrado el trato con su dueño, la llevamos por fin a nuestra casa y grande fue la sorpresa cuando la desarmamos para comenzar su restauración. Recién entonces pudimos comprobar que esta hermosa máquina y fino instrumento musical de gran calidad, era de la conocida casa Steck y que fue fabricada en 1913 en EEUU, sus mecanismos de piano eran Gotha alemanes y la maquinaria neumática marca Aeolian era de origen inglés.

Tuvimos la sensación de haber encontrado una verdadera alhaja perdida, pero había que repararla en su totalidad para poder lucirla algún día. Tardamos una década para lograr ese objetivo y poder gozar de ella al festejar sus 100 años escuchando esa música igual a la que sabía ejecutar en sus tiempos de gloria. Realmente hoy es un placer regocijarse con sus armoniosos sonidos, y al mismo tiempo sentir una gran satisfacción por haber rescatado del olvido a esta notable reliquia.

Hoy lamentablemente en Argentina, existen muy pocas pianolas, casi todas fueron desmanteladas. Se estima que en la actualidad solo hay unas 30 en funcionamiento y la nuestra, que hoy funciona a la perfección, es una de las más antiguas. Realmente nos sentimos muy dichosos de tener en casa a uno de estos preciados e históricos instrumentos, y nos consideramos aún más afortunados, porque todavía podemos disfrutar oyendo la música con que nos deleita esta centenaria joya mecánica.

(*) Ingeniero.