Intento definir una palabra, sabiendo que al hacerlo clausuro puertas. Del otro lado siempre hay alguien que puede disentir. Pero decido correr el riesgo tomando algunas precauciones. Una de ellas es recordar que la realidad definida, siempre es más rica que la palabra. La definición como representación mental de la realidad, tiene las limitaciones propias del ser humano. El otro recaudo es un desafío personal: dejar abierta la mente a la mirada del otro. 

Hablo de una palabra muy especial: "acompañar". La docencia es un lugar privilegiado para conjugar este verbo. Después de años frente al aula universitaria, espero haber sido mejor acompañando que definiendo. Para enseñar conceptos están los libros, para acompañar se requiere dos personas y un camino. Son funciones distintas, pero no opuestas. Y las dos son necesarias en el proceso de enseñanza-aprendizaje. 

 

  • Yo te acompaño

La palabra acompañar está formada por raíces latinas. Proviene del sufijo latino "com" (con, junto a)" y "pañero" que deriva de "pan". Acompañar, en un primer intento de definición, se refiere entonces a dos personas que comparten el mismo pan. La metáfora del mismo pan, hace referencia al camino compartido. Por su parte, el Diccionario de la Real Academia Española la define como estar o ir en compañía de otra persona. Ambas definiciones se aproximan bastante a la realidad que implica acompañar. 

Efectivamente, el "yo te acompaño", involucra a dos personas que caminan juntas, a la par, como pares. Ello excluye cualquier actitud de dominación en el acompañante, como de sometimiento en quien es acompañado. Como pares desandando un mismo camino, iguales en libertad y dignidad. Acompañar implica ser capaz de mirar al otro desde sus categorías culturales, no desde las nuestras. Desde su realidad existencial, no desde la nuestra. Por eso, "yo te acompaño" no es vaciarte de tus ideas y llenarte de las mías. Tampoco es juzgar tus decisiones. Es hacerte menos pesado el yugo. Y sí es posible, ayudarte a cargar tu mochila. Para ello deberemos valorar y respetar en el otro su inalienable dignidad humana. Sólo así podremos acogerlo en su vulnerabilidad e intentar curar sus heridas. 

"Yo te acompaño", a veces duele. Por empatía con el dolor del otro, pero mucho más por la propia impotencia, cuando no puede salir de sus laberintos ni ver la salida. Por eso acompañar es "estar" algunas veces en silencio, otras con palabras, pero siempre con gestos. La persona a la que acompañamos debe saber que estamos junto a él. 

"Acompañar" por lo tanto requiere de cercanía, presencia y tomar la iniciativa en su búsqueda. Se necesita una actitud de escucha con y desde la caridad, siendo conscientes de que se acompañan procesos y ello implica tiempo y gradualidad. El tiempo necesario hasta que aprenda a "caminar con sus propios pies". 

"Acompañar" No es tarea fácil. Se requiere humildad y desasimiento (desprendimiento en la entrega), pero debe ser una de las vocaciones más gratificantes.

 

  • Mientras estés conmigo

No sólo es el nombre de una excelente película protagonizada por Susan Sarandon y Sean Peen que narra hechos reales. Es la crónica desgarradora del proceso de acompañamiento realizado por una monja a un condenado a muerte por doble asesinato. Lo acompañó sin juzgar ni aprobar los homicidios, aunque ella fue objeto de duras críticas e incomprensión. 

En la vida real también hay incomprensión. La mayoría de las veces es por desconocimiento de lo que significa "acompañar". Tal vez deberíamos educar más en la pedagogía de la cercanía que en el discurso de la división y señalamiento. Aprender a abrir los brazos y bajar el dedo acusador.

 

Por Miryan Andújar
Abogada, docente e investigadora
Instituto de Bioética de la UCCuyo