Por Prof. Edmundo Jorge Delgado – Magíster en Historia
Hacia el norte tomando la Ruta 40, pasando por Chimbas, llegamos al departamento de Albardón. Un moderno puente anuncia este agraciado sitio, y también se conserva el antiguo, que fue erigido en 1936 por el entonces gobernador Juan Maurín y en aquellos años fue bautizado con el nombre “Sarmiento”.
El término Albardón, según algunos lingüistas, proviene del antiguo español que ya no se habla. Expresan que tiene que ver con el vocablo “albarda”, esto es una montura. En un completo diccionario etimológico hispano-americano (1912) aparece el término “albardero”, refiriéndose al “constructor de albardas, jalmas y aparejos para las caballerías”. Por su parte, el gran lingüista español Juan Corominas, radicado en Cuyo, dice: “… albardón: faja de tierra que sobresale (derivado de albarda, cf. el alemán Sattel ‘collado’, propiamente “silla de montar”).
Albardón, como Chimbas, fue un departamento de tránsito en el Siglo XIX, pues también poseía ciertos puntos aptos para vadear el río San Juan. En el imaginario social existen, según algunos hablantes, dos puntos que son propios de esta tierra: la calidad de su uva y el nombre en diminutivo que llevan algunos sitios, como “Las Tierritas”, “Las Lomitas” o “Las Piedritas”.
Llegando a este departamento, hacia el lado que continúa la Ruta 40 rumbo a Jáchal, nos encontramos con vestigios o huellas de lo que fuera “El taller de don Felipe”, propiedad de Felipe Said Gómez, un mecánico de automotores de lo mejor, que tuvo el honor de ayudar al equipo de Juan Manuel Fangio allá por la década del 60.
Continuando hacia “departamento adentro”, se encuentra la Villa Cabecera-San Martín que consta de un hermoso cine y teatro. Los albardoneros tienen como patrona a Nuestra Señora de los Desamparados. La parroquia que posee un colegio privado, junto a otro templo parroquial en honor a Santa Bárbara. También posee otras joyas religiosas: un antiguo templo en honor a San Nicolás de Tolentino, una moderna iglesia, que tributa a la Virgen de la Carrodilla, un añejo oratorio en honor a San Roque de vieja historia, en la localidad de La Cañada, además de recientes santuarios.
Otro lugar albardonero es Las Tapias. En relación a este sitio, ciertos autores expresan que también se lo solía denominar “Las Tapiecitas”, el “nombre derivaría de los restos de unas tapias que encontraron los primeros pobladores, vestigios de un antiguo fuerte construido por los españoles”. En este punto se ubica una importante reserva natural, de gran valor paleontológico. Luego nos encontramos con El Rincón, Campo Afuera, La Cañada, Las Lomitas, Villa Villicum, entre otras.
En cuanto a la actividad económica, Albardón posee una extensa superficie dedicada a los viñedos. La uva moscatel tiene una serie de características que la hacen única en la provincia, razón por la cual, no obstante, su origen que se remonta a Alejandría, y se considera uva patrimonial. Derivado de esta actividad existen varias bodegas.
También los frutales y hortalizas ocupan un lugar significativo. Por ejemplo, las frutas tempranas en la localidad de Las Tapias, junto a la producción de flores. La minería también es explotada (travertinos), sin olvidarnos del Parque Industrial de Albardón y la fábrica de galletas.
Albardón posee una extensa superficie dedicada a los viñedos. La uva moscatel tiene una serie de características que la hacen única en la provincia.
Albardón guarda recuerdos imperecederos del ferrocarril -del Belgrano-, con su antigua estación en Las Lomitas.
Hacia el norte, hacia los baños de La Laja, aun se puede ver el viejo chalet de Julio Devoto (Ampakama), uno de los mejores corredores automovilísticos que nos brindó San Juan, inventor de la guanaquera.
La Laja nos habla de una riqueza termal que no está explotada, junto a los baños del Salado. A mi entender, una de las épocas de bonanza de los baños de La Laja fue cuando funcionó el Museo Arqueológico de la UNSJ. En aquellos se logró conjugar lo prehistórico con ese paisaje agreste, junto a las vertientes de aguas sulfurosas, dando por resultado una experiencia turística única. Y ahí mismo en La Laja existe o existía un aeroclub, especializado en vuelo de planeadores. Volando en ellos se aprecia aquella “falla”, epicentro del terremoto de 1944. De las ruinas de los baños del Salado, existe una suerte de huella que utilizan los promesantes para asistir a la fiesta de Santa Bárbara en Mogna.
Igualmente, y terminando, Albardón posee uno de los autódromos más bonitos y modernos del mundo, el del Villicum. En cuanto a personajes, esta tierra dio muchos a San Juan, ahí está el cantautor extraordinario Carlos Montbrun Ocampo, el escritor Alfredo Monla Figueroa, y un médico y político de primera línea, albardonero por adopción, el Dr. Carlos Teófilo Alonso. Sea este mi tributo a tan bello departamento, que acaba de cumplir nada menos que 160 años.
