Orlando Navarro -Periodista
Estoy convencido que quienes cometen actos de corrupción, aparte de no tener escrúpulos, creerse intocables e impunes, sobre todo tienen la certeza que los argentinos somos estúpidos. Esto, que lo vengo pensando desde hace mucho tiempo, vuelve a tener actualidad luego de la aclaración de la AFA sobre las irregularidades que están saliendo a la luz y que tituló “La única verdad es la realidad”.
Para explicar, o justificar, el convenio firmado con Javier Faroni, propietario de la empresa Tour Prodente, que le otorga a éste un 30% de comisión por sus servicios relacionados con la Selección fuera del país, recurre al argumento que en épocas de Julio Grondona, la AFA tenía firmado hasta el 2030 un convenio similar con otro intermediario, Guillermo Tofoni, pero que le fijaba a éste una comisión del 70%, por lo que para la AFA quedaba un módico 30%. Un escándalo. O sea que la administración de Claudio Tapia, no habría hecho más que poner un poco de cordura y de equilibrio, frente al descalabro de lo que habría firmado el recordado Don Julio.
Además, según el convenio rescatado a partir del allanamiento de esta semana a las oficinas de la AFA, a Faroni también le corresponden el 10% de todas las salidas vinculadas a tareas de logística, en la concreción de esos partidos en el exterior. O sea gastos de pasaje, alojamiento, viáticos, etc. También incluye las negociaciones que tienen que ver con los sponsor del equipo, o su patrocinio fuera del país. Un negocio redondo.
A todas luces ambos convenios son ruinosos para la AFA, que es la parte que pone lo fundamental para estos acuerdos: la Selección Argentina, nada menos. ¿Un intermediario para programar los partidos amistosos de la Selección? Puede ser, aunque mi opinión es que en la AFA existen tantos estamentos, tantos dirigentes vinculados, que me resulta poco creíble que haga falta la intervención de un extraño para pactar partidos internacionales. Más bien uno tiende a pensar que el tema de los intermediarios, únicamente sirve, como en este caso, para convertirse en un “kiosco”, de los tantos que se crean, que tienen como única función de ser un “pasamanos”. Perciben un porcentaje por ejercer la función de cobrar y luego girar esos fondos, sin riesgos y sin poner nada en juego. Van siempre a ganador.
El 70% o el 30%, en este caso, sin embargo, no es la cuestión de fondo, si no la creación sospechosa de una razón social nueva, con este único objetivo, y que se radica dudosamente en EEUU donde van a parar los fondos que genera la Selección. Por ejemplo los premios por ser campeona del mundo, se habla de 40 millones de dólares, y los valores convenidos por los amistosos. El partido jugado frente a Angola, señalan que redituó 15 millones de dólares.
En síntesis, Faroni habría percibido, desde 2021 en que se firmó el convenio, 260 millones de dólares, recaudados por la Selección, por lo cual obtuvo en concepto de honorarios 76 millones de dólares, más aquél 10% de los gastos de logística.
En realidad, estos días la prensa especializada abundó en detalles sobre este tema, como la compra del club Perugia de Italia por parte de Faroni, por lo cual no nos vamos a extender en la cuestión. El objetivo de la nota es, por sobre este contenido en particular, insistir en la cara de estúpido que a uno le queda luego de la revelación de que unos “vivos” se hacen fácilmente de cuantiosas fortunas. Por una labor de intermediación que si bien puede ser legal, no deja de sorprender por los montos que se manejan. Es imposible no pensar que la dirigencia de la AFA, o es burra o es cándida. O, lo más seguro, cómplice.
¿Veremos alguna vez que rige la prudencia, lo razonable, la ética, en el manejo de los fondos públicos o, como en el caso de la AFA, en la administración de una asociación civil, pero con profunda inserción en la sociedad, como que estamos hablando del deporte más popular de los argentinos?
Es evidente que ninguna de estas maniobras puede llevarse a cabo sin la convivencia, o complicidad, de los organismos de control, de ciertos estamentos de la Justicia, o de políticos que facilitan la llegada de estos individuos dispuestos a cometer todo tipo de tropelías, con la seguridad de que “aquí nunca pasa nada”. O, como decía don Julio: “todo pasa”. Vergonzante frase, que en el fondo esconde el convencimiento que el tiempo se encargará de que pasen al olvido los individuos y los hechos delictuosos que cometen.
La Argentina necesita que la verdad no se disuelva entre estas maniobras, realizadas al amparo de la opacidad de los denominados túneles del poder. Consumadas sin solución de continuidad y el ciudadano común ya pierde la cuenta de su cantidad y de la enormidad de las sumas que se barajan. Y debemos convenir que la prensa es en gran parte responsable de que estos manejos oscuros adquieran notoriedad, y solo a su seguimiento y esfuerzo investigativo, constante e incansable, el gran público le debe que no caigan en el olvido. Claro que las sanciones a cargo de la Justicia, en la mayoría de los casos no llegan, o llegan tarde. Ni que decir de la frustrada devolución de los fondos mal habidos, cuestión que finalmente importa más a la gente, que los años de cárcel que el delincuente haya recibido como sanción.
En el fondo, estos temas de corrupción hoy ocupan el primer lugar entre las preocupaciones de la sociedad, y habrá que ponerse seriamente a pensar en nuevos mecanismos que faciliten la llegada de individuos probos y capaces a la dirección de los asuntos públicos. El deterioro de la calidad educativa, la degradación del concepto de familia y la falta de oportunidades, entre otros motivos, son en gran parte responsables que individuos sin escrúpulos sean los que finalmente, se ocupen de los temas que tienen que ver con la calidad de vida de una comunidad.
Es una materia pendiente que tenemos como sociedad.

