Por Silvana Cataldo

Especialista en formación en lectura

Desde el origen de los tiempos, la humanidad se explicó a sí misma a través de historias: antes de escribir, antes de leer, incluso antes de vivir en ciudades, ya nos reuníamos para narrar y escuchar narraciones. Los relatos orales nos conectan con otros y con nosotros mismos. La voz es un elemento clave porque es presencia, emoción y vínculo. En un mundo saturado de imágenes, la voz sigue siendo un refugio y un puente: una forma profunda y humana de contar y de escuchar historias.

La tradición de la narración oral: una herencia ancestral

Contar historias no es una moda: es una práctica tan antigua como la propia humanidad. Antes de la escritura, las comunidades reunían a sus miembros alrededor del fuego o en espacios comunitarios para intercambiar relatos sobre el origen del mundo, hazañas de antepasados, enseñanzas morales o experiencias de la vida cotidiana. Ese intercambio no solo transmitía información sino también valores, emociones y sentido de pertenencia.

El atractivo de las historias radica, en parte, en cómo las procesa nuestro cerebro. Cuando escuchamos un relato bien contado, se activan zonas relacionadas con el lenguaje, la memoria, las emociones y la imaginación al mismo tiempo, lo que nos permite visualizar mentalmente la escena y conectar emocionalmente con los personajes y sus vivencias. Esa experiencia inmersiva explica por qué las historias habladas pueden atraparnos profundamente, incluso sin apoyo visual.

Además, el ritmo, las pausas, las inflexiones de la voz y los silencios propios de la narración oral generan expectativas y resonancias internas que mantienen nuestra atención y facilitan la empatía con la voz que cuenta.

La radio y la llegada del podcast: evolución tecnológica y cultural

Con la llegada de la radio en el siglo XX, la oralidad se transformó y amplió su alcance. Las voces pudieron llegar a hogares lejanos y las historias ocuparon un lugar central en la cultura popular mucho antes de Internet. Programas de cuentos, radionovelas y espacios culturales consolidaron formas de escucha que muchos adultos recuerdan como parte de su infancia o juventud.

Hoy, esa tradición continúa y se renueva en los podcast. Un podcast es esencialmente una grabación de audio (o video audio) que se distribuye digitalmente y que el oyente puede escuchar bajo demanda, en cualquier momento y lugar. A diferencia de la radio, no depende de una programación fija: cada episodio puede formar parte de una serie, una ficción o un ciclo temático que el oyente sigue a su propio ritmo.

Este formato ha crecido de manera sostenida en Argentina. Una medición de 2025 muestra que el consumo de podcast en el país registró un crecimiento de 123% en los últimos cinco años, con más de 4,2 millones de oyentes, lo que representa aproximadamente uno de cada cinco habitantes de distintos puntos del país. El 40% de estos oyentes lo hace entre una y cinco veces por semana y el 76% afirma que escucha podcast para aprender algo nuevo, entretenerse o explorar nuevos conocimientos, consolidando este formato como una herramienta de entretenimiento, información y aprendizaje en la vida cotidiana.

Hoy los podcast se consumen mayoritariamente desde un celular, lo que permite integrarlos a las distintas rutinas diarias (viajar, caminar, cocinar, hacer ejercicio) y ofrecen una experiencia distinta de la que brindan las pantallas: una escucha más íntima, más personal y más flexible en el tiempo.

Cuando escuchamos un relato bien contado, se activan zonas relacionadas con el lenguaje, la memoria, las emociones y la imaginación.

Relatos íntimos y audioseries: historias para todos los gustos

Aunque muchas de las producciones más populares en Argentina incluyen conversación, entrevistas y análisis de temas actuales, algunos espacios de ficción y narrativa sonora (especialmente los basados en relatos y dramatizaciones) se disputan la atención de los oyentes. Según los rankings locales de plataformas como Spotify Wrapped 2025, entre los podcast más escuchados figuran varios espacios con fuerte vínculo narrativo o de relato estructurado asociado a las experiencias personales o a hechos recordados por la audiencia: entrevistas íntimas con historias personales (como La Cruda, con Migue Granados) o historias de hechos criminales de alto impacto social (Barbano en Hechos reales). Este formato suele tener su versión visual, en plataformas como Youtube.

Pero también hay propuestas de ficción sonora o relatos dramatizados en español que pueden encontrarse en plataformas de audio como Spotify. Uno de los más escuchados en 2025, fue la audioserie Dial, producida por Charly Wasserman y con la participación de reconocidos actores. A través de 6 episodios, el oyente puede transitar este thriller de misterio con escenas de terror y reminiscencias a radioteatro.

También, para quienes no consiguen concentrarse en lecturas extensas, hay muchas narraciones literarias: novelas y cuentos tradicionales contadas de manera clara y atractiva.

Escuchar historias narradas no es solo una forma de entretenimiento: es una experiencia que nos calma, nos acompaña y nos invita a imaginar. En tiempos de prisa, pantallas encendidas y atención fragmentada, la escucha de relatos ofrece una pausa activa: estimula la imaginación, fortalece la memoria, despierta emociones y crea un vínculo íntimo entre quien cuenta y quien escucha. Ya sea a través de la radio de ayer o del podcast de hoy, las historias dichas en voz alta nos devuelven algo esencial: el placer de escuchar y de conectar con una voz que nos invita a construir mundos infinitos.