Por Rosendo Fraga – Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría
Tras el “éxito” obtenido en Venezuela por la Administración Trump, ésta ha abordado el conflicto de Cuba. La situación del país es muy crítica desde el punto de vista económico, fundamentalmente por la falta de combustible. Para provocar un cambio de régimen Washington se ha centrado en cortar la llegada de petróleo en violación de las sanaciones estadounidenses a la isla. Ha terminado con la entrega de petróleo por parte de Venezuela, el que ha sido clave para el mantenimiento del presidente cubano Miguel Díaz Canel en los últimos años.
En términos diplomáticos, ha ejercido una fuerte presión política sobre el gobierno mexicano a cargo de Claudia Sheinbaum, para que ésta suspenda el envío de petróleo hacia Cuba. Aunque ella inicialmente resistió la medida alegando razones humanitarias, finalmente tuvo que dar marcha atrás, por lo menos parcialmente. La llegada del petróleo que transporta la “flota fantasma” rusa también ha mermado, habiendo aumentado el control militar impuesto por el bloqueo estadounidense. De China no parecen haberse registrado envíos en las últimas semanas ni tampoco de Irán. Trump así va “cercando” al régimen cubano, que ya lleva sesenta y seis años en el poder.
Hay negociaciones iniciadas entre los gobiernos de Washington y La Habana, pero hasta ahora no han trascendido sus términos y alcances. Pero la oposición cubana -hay más de mil presos políticos- no se muestra activa, como sí lo ha hecho en el pasado, mirando más a la estrategia desarrollada por Washington en los últimos meses que fue exitosa en Venezuela, que a los propios antecedentes cubanos.
Por su parte, el gobierno cubano moviliza a sus partidarios y recurre a la retórica nacionalista: aunque no facilita una eventual negociación, es algo que le permite sostenerse en el poder en el corto plazo. Las agrupaciones políticas y sociales que responden al régimen se han movilizado en las calles con entusiasmo, pero con poca participación. La negociación con el presidente cubano ya estaría establecida, pero lejos de verse culminada.
A diferencia de Venezuela, Cuba no tiene un recurso que pueda entrar en la negociación, como el petróleo venezolano. Sin duda la reciente experiencia en este país es un antecedente concreto para el Departamento de Estado a cargo de Marco Rubio, de origen cubano-estadounidense. El modelo que se estaría trabajando es similar: no provocar un derrumbe del régimen que precipite al país a una situación de anarquía armada. Para ello resulta fundamental no descabezar a las Fuerzas Armadas y policiales, que es la situación que en casos anteriores, como Irak, provocó una anarquía de estas características que derivó en guerras que obligaron al empleo de las fuerzas armadas norteamericanas. Pero un proceso de este tipo requiere encontrar una figura como ha sido Delcy Rodríguez en Venezuela, capaz de hacerse cargo del gobierno, negociando y coexistiendo con la Administración Trump.
La permanencia de Díaz Canel al frente de la Presidencia en Cuba es un factor complicado para este tipo de modelo de transición, pero podría negociarse su salida del país a un destino como Rusia para facilitar el cambio. El Papa León XIV estaría dispuesto a jugar un rol en materia de mediación o acercamiento entre las partes en conflicto, Washington y La Habana.
En Nicaragua la situación del matrimonio Ortega en el poder se complica, pero no enfrenta una situación económica tan aguda como los casos de Venezuela y Cuba. Paradójicamente, Nicaragua sigue contando desde hace décadas con un tratado de libre comercio con Estados Unidos que le permite su subsistencia económica. Al mismo tiempo, mantiene niveles de comercio con Rusia y China que Cuba y Venezuela ya no tenían.
Trump va poco a poco “cercando” al régimen cubano, que ya lleva sesenta y seis años en el poder.
El endurecimiento del régimen frente a la oposición hoy es mayor que el que existe en Cuba y el que había en Venezuela hasta hace pocos meses. El enfrentamiento con la Iglesia Católica es mayor en Nicaragua que en dichos países. Pero no parece que el tema sea visto como una urgencia por parte de Estados Unidos.
A la vez, es cierto que si cayera el régimen de Cuba o iniciara su transición, la posición del gobierno del matrimonio Ortega se vería muy debilitada. A lo largo del año, la Administración Trump podría terminar con los regímenes de origen marxista de la región, que en este momento juegan a favor de China, Rusia e Irán en el plano intencional. Es decir, se resolvería al mismo tiempo un problema externo, dados los distintos frentes en los cuales Estados Unidos se ve empeñado, y otro interno, por la ubicación geográfica de estos países.
Toda esta situación fortalece la posición interna del Secretario de Estado Marco Rubio dentro de la Administración Trump y hay quienes lo ven como un eventual sucesor del presidente si termina con éxito estas operaciones.
El triunfo en la elección presidencial de Costa Rica de la candidata de Trump, Laura Fernández, ratificó el giro a la derecha que se está dando en América Latina. Se trata de una candidata de centroderecha que en el tramo final de la campaña asumió el discurso de Nayib Bukele frente al problema de la inseguridad. La oposición socialdemócrata intentó utilizar este giro de Fernández para cuestionarla y acusarla de autoritarismo.
Pero en toda Centroamérica y el Caribe la seguridad es prioritaria. Por eso Bukele es hoy el presidente más popular de la región. Recientemente ganó también un candidato de centroderecha en Honduras y todos ellos manifestaron y recibieron el apoyo de Trump.
