El viernes 23 de enero el gobierno de los Estados Unidos hizo pública su Estrategia de Defensa Nacional 2026. La misma va en línea con la Estrategia de Seguridad Nacional, dada a conocer a fines de noviembre de 2025. Esta está dirigida a toda la Administración, mientras que la primera es específica sobre el rol de las Fuerzas Armadas dentro de dicha estrategia. El eje de la Estrategia de Seguridad Nacional define claramente el concepto de hemisferio, al que otorga prioridad: es un eje de norte a sur, es decir de polo a polo, con el océano Atlántico al este y el Pacífico al oeste. Este es el contexto que explica la controversia reciente por el control de Groenlandia, en cuyo territorio comenzaría el hemisferio occidental según la óptica de Washington (para China y Rusia el Ártico es una región euroasiática).
De ahí en más, se prolonga sobre lo que históricamente ha sido el área de influencia de Estados Unidos, que es hacia el sur primero en la frontera con México, que después fue bajando a la de América Central y el Canal de Panamá. En este marco, el Mar Caribe integraba esta área de influencia directa de los Estados Unidos. La novedad en el siglo XXI es que este concepto se amplía todavía más hacia el sur, hasta el otro polo. Ya la reciente intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, cuyas consecuencias se proyectan a Colombia y Ecuador, marca que el área de influencia estadounidense ha comenzado a ampliarse a América del Sur. Presumiblemente, la influencia militar de los Estados Unidos se proyectará en los próximos meses al extremo sur del hemisferio, es decir, a Argentina y Chile.
La reciente intervención militar de EEUU en Venezuela, cuyas consecuencias se proyectan a Colombia y Ecuador, marca que el área de influencia estadounidense ha comenzado a ampliarse a América del Sur.
En este contexto, el Jefe del Estado Mayor conjunto de las Fuerzas Armadas norteamericanas, el general Dan Caine, convocó una reunión de sus pares de los treinta y cuatro países del hemisferio occidental. Esta reunión, convocada para el 11 de febrero, tendrá por objetivo readecuar la estrategia militar de Estados Unidos en el hemisferio de acuerdo a los dos documentos mencionados. Pero se adelanta ahora por la crítica situación generada a nivel internacional y no sólo en el hemisferio.
Las motivaciones del encuentro son la redefinición profunda de la Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense y su influencia concreta en América Latina y el Caribe, la respuesta militar a la creciente presencia china en la región y las tensiones diplomáticas en las controversias geopolíticas que se están produciendo a nivel global. Los participantes del encuentro son los Jefes de Estado Mayor -por lo general conjunto como el convocante- o funcionarios equivalentes de los treinta y cuatro países convocados. Aunque no sea un tema específicamente militar, formará parte del temario del encuentro la coordinación de la lucha regional contra el narcotráfico y las organizaciones criminales transnacionales, como ha asumido Estados Unidos.
El comunicado emitido por el Estado Mayor Conjunto estadounidense dice: “Los líderes de defensa participantes explorarán la importancia de las sólidas alianzas, la cooperación continua y los esfuerzos conjuntos para contrarrestar las organizaciones criminales y terroristas, así como los actores externos que socavan la seguridad y la estabilidad regional”. Los mandos militares de Dinamarca, Gran Bretaña y Francia, que tienen posesiones coloniales en el Caribe y que han tenido en las últimas semanas un conflicto relevante con Washington por el control de Groenlandia, han sido invitados al encuentro.
En este marco, el domingo 25 de enero un vuelo llevó a legisladores y científicos estadounidenses al extremo sur de Argentina, en la provincia de Tierra del Fuego. El avión de las Fuerzas Armadas norteamericanas que los trasladó, tras recargar combustible en San Juan de Puerto Rico, viajó directamente al aeropuerto de la ciudad de Ushuaia. No hubo previamente explicación alguna de la cancillería ni del Ministerio de Defensa de Argentina. Tampoco los miembros del Congreso estadounidense se reunieron previamente con sus pares de Argentina, quienes no fueron informados de la visita. Mientras el gobierno argentino se mantuvo en silencio, la oficina de prensa de la embajada de Washington en Buenos Aires emitió un comunicado diciendo que la visita “incluye reuniones con funcionarios gubernamentales y actores clave para abordar la degradación de entornos naturales, la tramitación de permisos para la gestión de minas y residuos, el procesamiento de minerales críticos, la investigación de salud pública y la seguridad médica”. Esta visita, que no sería la primera de este tipo, se produjo pocos días después de que el gobierno argentino interviniera la administración local del puerto fueguino, donde habrían tenido lugar irregularidades. En forma coincidente, días atrás el Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent -quien jugó un rol decisivo para el auxilio financiero que permitió a Milei ganar la elección de medio mandato-, sostuvo que “la Argentina se ha convertido en pieza clave de la estrategia de Estados Unidos para América Latina”.
Pero desde el punto de vista de la estrategia hemisférica, estos hechos comienzan a poner de manifiesto el interés estadounidense por el extremo sur del continente.
Por Rosendo Fraga
Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría
