Por Silvana Cataldo – Especialista en formación en lectura
En los últimos años, distintos estudios vienen señalando un fenómeno que atraviesa a muchas sociedades contemporáneas: la lectura sostenida pierde espacio en la vida cotidiana, incluso en la adultez. Se lee menos tiempo, con mayor fragmentación y, en muchos casos, sin continuidad. Este dato resulta clave para comprender otro problema que hoy preocupa a la escuela y a las familias: las dificultades de comprensión lectora en niños y adolescentes.
Leer como un modo de ser y estar en el mundo
Hablar de “hábito lector” suele reducirse muchas veces a una cuestión cuantitativa: cuántos libros se leen, cuánto tiempo se dedica a la lectura. Otras personas asocian la palabra “hábito” a acciones que hacemos de manera automática, sin pensar. Sin embargo, el origen de la palabra hábito (del latín habitus) remite a algo más profundo: un modo de ser, una disposición que se construye socialmente y se incorpora con el tiempo. Nadie se convierte en lector únicamente por aprender a decodificar letras. Se vuelve lector cuando la lectura tiene sentido y forma parte de su vida cotidiana.
Desde esta perspectiva, la lectura es una práctica cultural. El sociólogo Pierre Bourdieu lo explicó a través del concepto de habitus: disposiciones duraderas que se forman a partir de las experiencias familiares, escolares y sociales, y que luego orientan nuestras prácticas. Leer (o no leer) no es solo una elección individual, sino el resultado de trayectorias culturales que habilitan o restringen el acceso a la palabra escrita.
Aquí aparece un punto clave del debate actual. Diversos relevamientos muestran un debilitamiento de la práctica lectora en la población adulta, desplazada por consumos digitales breves y fragmentados. Este cambio no es inocuo. Cuando los adultos leen menos, leen menos con otros: disminuyen las escenas de lectura compartida, las conversaciones sobre libros, las recomendaciones y los intercambios en torno a lo leído. El efecto es claro: niños y adolescentes aprenden a leer en la escuela, pero muchas veces crecen en entornos donde la lectura pierde presencia como práctica social valiosa.
La lectura no es una capacidad natural: el cerebro debe reorganizar circuitos originalmente destinados a otras funciones para reconocer letras, construir significado y sostener la atención.
Hoy, además, la ciencia del aprendizaje ofrece una clave complementaria para comprender la importancia de estos procesos. Las investigaciones en neurociencia muestran que el cerebro aprende mediante la repetición significativa de experiencias. La lectura no es una capacidad natural: el cerebro debe reorganizar circuitos originalmente destinados a otras funciones para reconocer letras, construir significado y sostener la atención. Esta reorganización requiere práctica regular y contextos estables. En otras palabras: el cerebro necesita hábitos para aprender en profundidad, acciones ligadas a lo afectivo. Por eso, es clave comenzar a construir en casa estas prácticas, con gestos simples pero sostenidos en el tiempo
Cinco formas de empezar a formar el hábito lector en familia
1. Leer en voz alta todos los días, incluso cuando los niños ya saben leer. La lectura compartida fortalece la comprensión y el vínculo afectivo con los textos.
2. Hacer visible la lectura adulta. Cuando los niños ven leer a los adultos, comprenden que la lectura es una práctica valiosa en la vida cotidiana.
3. Conversar sobre lo leído, sin evaluar ni buscar respuestas correctas. Compartir interpretaciones construye sentido y desarrolla el pensamiento.
4. Crear un tiempo y un espacio regular para leer, aunque sean pocos minutos diarios. La regularidad es la base de todo hábito.
5. Permitir elegir qué leer. El interés personal es el motor más potente para sostener la práctica.
En tiempos de pantallas, fragmentación y urgencias, el desafío no es solo que niños y adolescentes lean más, sino que la lectura vuelva a ocupar un lugar compartido en la vida cotidiana. Porque los hábitos que transforman el aprendizaje no se enseñan ni se imponen: se construyen en comunidad.
