Por Jorge Reinoso Rivera – Periodista e Historiador

Un tema que cada vez está más en el tapete, no solo político sino también social, es el de la inmigración y creo que en esto debemos hablar y accionar con total claridad. Unos de los grandes dramas sociales que sufre esencialmente el AMBA es la gran inmigración de ciudadanos de origen boliviano, paraguayo y chileno, después en mucho menor porcentaje está el resto de los ciudadanos del mundo que desean vivir en nuestro país.

En enero del año 2024, el INDEC publicó los datos de las migraciones internas e inmigración. Solo el 4,2% de la población total de 46.234.830 habitantes de Argentina es inmigrante: suman casi 2 millones. Venezuela es el tercer país que más migrantes le dio a la Argentina en la última década, detrás de Paraguay y Bolivia, históricos “primeros”, en ese aspecto. Para completar los diez primeros países, el cuarto puesto de inmigrantes lo tiene Perú, y siguen Chile, Uruguay, Italia, Brasil, España y Colombia. La provincia y la ciudad de Buenos Aires tienen la mayor proporción de inmigrantes, en comparación a las otras provincias. De hecho, la mitad de los extranjeros que registró el censo está en territorio bonaerense, mientras que CABA tiene casi al 22%. Le sigue Mendoza con menos del 3,4%. De todas formas, estos datos son ampliamente cuestionables ya que muchos inmigrantes, sobre todo paraguayos, bolivianos y chilenos, no se prestaron para ser censados o simplemente se escondieron ante las autoridades del censo.

Paraguay, Bolivia y Venezuela son los países de donde proviene la mayor parte de los inmigrantes que hay en Argentina.

Si bien parte del Preámbulo de nuestra Constitución Nacional reza: “Asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino” y en la realidad nuestro país es un verdadero “crisol de razas” que todos, nativos e inmigrantes, forjaron con mucho esfuerzo y trabajo, dándonos lo que hoy denominamos el “ADN argento”, no deja de ser menos cierto que hoy muchos inmigrantes, sobre todo de países limítrofes, han utilizado y usado nuestra buena voluntad de recibirlos en nuestro país y a cambio nunca legalizaron su estadía y no solo usufructúan nuestros sistemas de salud, educación, beneficios sociales (planes sociales), sino también delinquen y usurpan terrenos y viviendas, lugares que a la propia policía le cuesta ingresar ya que los agentes son recibidos con niveles altos de agresión física y si a eso le sumamos que algunos se dedican al tráfico y comercialización de drogas, robos, asesinatos y otros delitos, terminamos los argentinos, muchas veces, sufriendo estos ilícitos y diéramos la imagen que somos “racistas o xenófobos”, cosa que ya está demostrada que no somos, obviamente.

El actual gobierno del presidente Milei sacó el Decreto 366/2025, que es una reforma migratoria publicada en mayo de 2025 que modificó la Ley de Migraciones para endurecer requisitos de ingreso y residencia, incluyendo la exigencia de seguro de salud, y limitando el acceso gratuito a salud y educación universitaria para extranjeros.

Muchos sostienen que el trato que se le da al extranjero debe ser igual al recibido por argentinos en esos países, el aplicar “tratar igual” puede surgir como respuesta a la discriminación, la burocracia excesiva o la hostilidad que sufren los connacionales en el exterior, convirtiéndose en una forma de “represalia” social o política, es algo que también puede ser verdad para algunos, pero lo que sostengo en esta nota es que los extranjeros que verdaderamente deseen habitar nuestro suelo, deben de inmediato regularizar su estadía así poder adquirir los derechos de todo ciudadano argentino y aquellos extranjeros que solo les interese usufructuar nuestro sistema de seguridad social, salud o simplemente su estadía la usen para efectuar cualquier tipo de delito, deben ser extraditados, sin posibilidad de ingreso nuevamente, de inmediato.

La mejor postura, según la opinión general, es asegurar el respeto a los derechos humanos y evitar injusticias, independientemente de la nacionalidad. Tratar bien a los extranjeros favorece la integración, la convivencia y nutre nuestra cultura. Aunque siempre debemos tener en cuenta que “la Argentina es primero para los argentinos” que cumplan con toda nuestra legislación, ya sean por nacimiento, adopción, naturalización o elección.