Por Jorge Reinoso Rivera – Periodista e Historiador

La caída del Sha de Irán, el último Rey de Persia, Mohammad Reza Pahlavi, se produjo en 1979 debido a la Revolución Iraní, un levantamiento masivo liderado por el clérigo exiliado Ayatolá Jomeini, que buscaba un gobierno islámico y se oponía a la occidentalización y autoritarismo del Sha. Tras meses de protestas, huelgas y represión, el Sha huyó del país el 16 de enero de 1979, lo que llevó al colapso final de la monarquía y al establecimiento de la República Islámica el 1 de abril de 1979, tras el regreso triunfal de Jomeini.

Después del regreso de Jomeini, se celebró un referéndum en abril de 1979 en el que se estableció la República Islámica de Irán. Jomeini se convirtió en el líder supremo del país y el nuevo gobierno llevó a cabo una serie de reformas, incluida la nacionalización de la industria petrolera y la implementación de políticas islámicas en la sociedad y el sistema legal. También hubo purgas políticas y una violenta represión a los opositores al nuevo régimen. Las mujeres debieron someterse a la rigurosa ley islámica, lo que hizo retroceder el derecho a la autodeterminación, perpetuó el patriarcado y profundizó la violencia de género.

La que introdujo los cambios en la occidentalización femenina fue la propia emperatriz y esposa del Sha, Farah Diba, ya que ella admiraba las libertades obtenidas por las mujeres en occidente. Sin embargo, tras la caída del Sha, los derechos femeninos otorgados y alentados por la monarquía retrocedieron totalmente y el régimen de Jomeini implementó en el poder judicial (cuya única norma legal es la sharia o ley islámica) estando está al servicio de los Ayatolá, así como las fuerzas armadas, incluyendo a los “guardias revolucionarios”. Los clérigos fundamentalistas dominan todos los organismos de control social y político, como la Asamblea de Expertos o el Consejo de Guardianes, que deciden incluso qué candidatos pueden ser postulados en las elecciones.

Irán se convirtió en un estado islámico radical y teocrático, adoptando una postura antioccidental y antinorteamericana.

La Revolución Islámica tuvo un gran impacto en la política internacional, especialmente en el Medio Oriente. Irán se convirtió en un estado islámico radical y teocrático, adoptando una postura antioccidental y antinorteamericana, lo que llevó a fuertes tensiones con Estados Unidos y sus aliados europeos y en el Medio Oriente. A través del régimen se comenzó a infundir “odio a Israel” y comenzó a aliarse y proveer petróleo a los países comunistas y apoyar con armamento y dinero grupos fundamentalistas islámicos, como Hezbollah y Hamas.

Hoy Irán juega un papel clave para lograr la definitiva estabilidad en la región y es en este sentido que a occidente le conviene un cambio urgente de régimen y que este sea pro occidental y aliado de EEUU y sobre todo Israel.

Curiosamente el hijo mayor del último sah de Irán, Mohammad Reza Pahlavi, se llama Reza Pahlavi, también conocido como Reza Ciro Pahlavi. Es el príncipe heredero en el exilio y una figura destacada en la oposición al actual régimen iraní. Él se exilió en Estados Unidos a la edad de 16 años, poco antes de la Revolución Islámica de 1979, se formó como piloto de aviones de combate y estudió Ciencias Políticas, se casó con una iraní norteamericana y tiene tres hijas. El año pasado visitó Israel, siendo recibido por Benjamín Netanyahu y hasta oró en el “Muro de los Lamentos”. Ideológicamente es totalmente occidental y desde el exilio, se ha convertido en una de las voces más críticas contra el gobierno iraní, abogando por la democracia secular y el cambio de régimen, y a menudo llama a los ciudadanos a la desobediencia civil y a protestas. Ahora, a los 65 años, casi medio siglo después de la pérdida de su derecho de nacimiento, su espera podría estar llegando a su fin. “¡Esta es la última batalla! ¡Pahlavi volverá!”, fue uno de los cánticos destacados en las protestas nacionales que sacudieron Irán la noche del jueves, después de que el expríncipe heredero exiliado exhortara a sus compatriotas a salir a las calles. “¡Javid Shah (¡viva el rey)!”, gritaban los manifestantes. “¡Sha Reza, que Dios bendiga tu alma!”.

Recordemos que los iraníes no son árabes: ellos son persas y provienen de una cultura milenaria de reyes y solamente conocieron un mal llamado republicanismo (República de Irán) cuarenta y siete años, que lejos de solucionarle los problemas a más de noventa millones de persas, solo les trajo atraso y subordinación absoluta a un régimen que intentó cosificar sin dar derechos a la mujer.