2 de abril de 2026 - 04:00

Con la Circunvalación renovada, surge tomar medidas para dar mayor seguridad al tránsito

EDITORIAL

La reciente serie de obras de mejora en la Avenida de Circunvalación Federico Cantoni, tramo urbano de la Ruta Nacional A040, representa una inversión clave para optimizar la conectividad y la seguridad vial. Sin embargo, la infraestructura por sí sola no alcanza. La modernización del anillo vial exige una etapa complementaria: intensificar controles, corregir conductas imprudentes y promover una cultura de conducción responsable que acompañe los avances materiales.

En los últimos meses el tránsito se ha vuelto más denso y también más riesgoso. El exceso de velocidad continúa siendo una de las transgresiones más frecuentes, aun cuando el límite máximo autorizado es de 80 km/h. Muchos conductores consideran que esa restricción es baja para vehículos modernos con mayor capacidad de aceleración y frenado, pero esa percepción individual no puede imponerse sobre la seguridad colectiva. La velocidad excesiva aumenta los tiempos de reacción y convierte cualquier error en un potencial accidente grave.

El problema no se limita a la velocidad. Las maniobras imprevistas, los sobrepasos indebidos y las frenadas bruscas ocupan un lugar central en la estadística de siniestros. A ello se suman las salidas intempestivas por falta de anticipación o señalización insuficiente, situaciones que obligan a otros conductores a reaccionar en segundos. Estas prácticas convierten a una vía rápida en un espacio de permanente incertidumbre.

Otro aspecto preocupante es la circulación de motos y rodados menores que, en muchos casos, se desplazan sin respetar distancias ni carriles. Su vulnerabilidad frente a vehículos de mayor porte incrementa el riesgo general y exige estrategias específicas de control y concientización. A la vez, la circulación excesivamente lenta también representa un peligro, ya que genera obstáculos imprevistos que pueden derivar en colisiones por alcance.

Los controles actuales, implementados de manera esporádica por fuerzas viales, resultan insuficientes frente al volumen y la complejidad del tránsito. En horarios pico se observan conductas que ya se han naturalizado y que transforman la Circunvalación en una suerte de pista improvisada para algunos conductores. Esta realidad demanda presencia constante, tecnología de monitoreo y sanciones efectivas que disuadan comportamientos irresponsables.

Pero la solución no puede limitarse al castigo. Una campaña sostenida de educación vial resulta imprescindible para reforzar hábitos seguros y recordar que cada decisión al volante tiene consecuencias colectivas.

La renovación del anillo vial abrió una oportunidad para mejorar la movilidad urbana. Ahora corresponde a las autoridades profundizar controles y a los conductores asumir su responsabilidad. Solo así la Circunvalación dejará de ser un espacio de riesgo para convertirse en una vía eficiente y segura para todos.

LAS MAS LEIDAS