ver más
ECONOMÍA

Vivir endeudados: casi la mitad de los hogares pobres recurrió al crédito informal o préstamos para subsistir

Un informe de la UCA revela que el endeudamiento corriente golpea con más fuerza a los sectores vulnerables y al conurbano. El impacto del "estrés económico" y el peligro del crédito defensivo.

Por Redacción Diario de Cuyo 8 de septiembre de 2026 - 20:16

El impacto de la inflación y la pérdida de poder adquisitivo dejó una huella profunda en la economía cotidiana de los argentinos. Durante el tercer trimestre de 2025, el 27,4% de los hogares en los aglomerados urbanos relevados tuvo que recurrir a familiares, amigos, financieras u otras fuentes de financiamiento informal o bancario para poder sostener su economía diaria y llegar a fin de mes, según los datos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA).

El relevamiento aclara que se trata de una medición de carácter estrictamente descriptivo: no mide montos, tasas de interés ni incumplimientos, sino la necesidad concreta de endeudarse para cubrir gastos corrientes.

La brecha social: el peso de la pobreza y el nivel socioeconómico

La necesidad de pedir dinero prestado no se distribuye de manera equitativa en la sociedad, sino que profundiza las desigualdades preexistentes. Entre los hogares en situación de pobreza —aquellos cuyos ingresos no alcanzan para cubrir la Canasta Básica Total—, la incidencia del endeudamiento escaló al 44,4%, duplicando prácticamente el registro de los sectores no pobres (22,4%).

La fractura se observa con mayor claridad al analizar los estratos socioeconómicos. La proporción de hogares que debió endeudarse pasa de un moderado 11,8% en los sectores de nivel medio-alto al 23,2% en el nivel medio-bajo, trepa al 32,5% en el sector bajo y alcanza un crítico 47,5% en el estrato muy bajo, donde prácticamente uno de cada dos hogares debió apelar a esta vía de supervivencia

El factor psicológico y territorial

Más allá de los ingresos, el estudio destaca que el factor que más ensancha las diferencias es la percepción subjetiva de ahogo financiero, denominado "estrés económico". Entre los hogares que sienten que sus ingresos no alcanzan para cubrir lo básico, el 49,2% pidió dinero prestado, en contraste con el 13,3% de los que no experimentan esa presión.

Cuando la pobreza y el estrés económico se combinan, el indicador marca su pico más dramático: el 55,8% de los hogares pobres con estrés y el 55,4% de los del estrato muy bajo con estrés debieron endeudarse. Incluso en el sector más postergado, un 30% de los hogares debió recurrir al crédito corriente aun sin percibir explícitamente esa presión.

En el mapa territorial, la incidencia global fue más alta en el "resto urbano" (centros urbanos pequeños del interior del país) con un 30,6%, seguido de cerca por el conurbano bonaerense (29,7%), mientras que descendió marcadamente al 12,8% en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Sin embargo, bajo condiciones de estrés económico, el problema golpeó con fuerza en todas las regiones, trepando hasta el 56,8% en los centros urbanos más chicos del interior.

El peligro del uso defensivo del crédito

Para los especialistas autores del informe, el núcleo del problema no radica en el acceso al crédito como herramienta de bancarización u oportunidad, sino en su uso defensivo por parte de hogares que operan sin ningún tipo de margen financiero y bajo condiciones sumamente onerosas.

"Cuando el crédito deja de adelantar un consumo durable y empieza a cubrir el presupuesto ordinario, cualquier pérdida de ingreso, aumento de gastos fijos o encarecimiento de la refinanciación reduce rápidamente la capacidad de pago", advierte el documento. Ante este escenario, la investigación plantea como salida ineludible combinar la recuperación del empleo y los ingresos con políticas de educación financiera, mayor transparencia en el costo financiero total y mecanismos de refinanciación temprana que impidan que un desfasaje transitorio derive en un sobreendeudamiento crónico.

Temas
Seguí leyendo