En términos generales las desregulaciones en el agro buscan reducir la intervención estatal en el sector, con el objetivo de agilizar procesos, reducir costos, aumentar la competitividad y mejorar la eficiencia de la producción y comercialización de productos agropecuarios. El anuncio que en este sentido realizó en el transcurso de la semana pasada el ministro de Desregulación de la Nación, Federico Sturzenegger, ha generado grandes expectativas ya que permite visualizar una mejora en las condiciones de comercialización de los productores agrícolas, especialmente, los dedicados al cultivo de hortalizas frescas. Esto debería generar en nuestra provincia las condiciones propicias para que esta producción salga a los mercados nacional o internacional con un valor agregado propio que otorgue una ventaja comercial.

Lo que se debe evitar, conforme a lo expresado por algunos productores locales, es que esta desregulación solo sirva para que San Juan siga enviando a granel productos frutihortícolas a provincias como Mendoza sin intentar su procesamiento y empacado en origen, que es lo que realmente beneficia a la provincia.

Hay que tener en cuenta que de ahora en adelante el SENASA (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria) dejará de controlar, en un primer momento a los productores de hortalizas y luego al resto de la producción agrícola, los requisitos sobre tipificación, empaque y fiscalización de los productos, con lo que se logrará reducir tiempo y burocracia en la tarea de despachos. A partir de ahora, el organismo solo controlará criterios de salubridad, dejando de lado el control de calidad que antes realizaba exhaustivamente y que muchas veces era una barrera infranqueable para poder sacar productos al mercado interno o exportar al exterior.

Lo que se está buscando con muy buen criterio es facilitar que toda la producción agrícola pueda salir con mucha mayor felicidad y no como antes en que para sacar de la provincia un producto determinado como el ajo se debía hacer una inscripción de los productores que era compleja y luego hacer que cada envío al exterior pasara por un control de SENASA donde se tenían en cuenta no solo las características del producto agrícola sino también el tamaño y especificaciones del empaque. Todo esto generaba un largo proceso que ahora se verá notablemente reducido.

El temor a que el nuevo sistema provoque una notoria reducción de la calidad de cada producto agrícola, queda definitivamente desechado ya que como lo han asegurado los propios productores, una baja de la calidad podría implicar perder compradores quienes, en definitiva, son los que imponen el nivel de exigencia que deben acatar los exportadores.

Respecto de las desregulaciones para el agro se espera que la eliminación de restricciones y la simplificación de trámites ayuden a reducir costos de producción y comercialización, contribuyendo a beneficiar al sector exportador que tanto lo necesita.