Históricamente, materiales como la organza y el tul, han tenido una fuerte presencia y sus significados son tan poderosos que se reflejan en diversas piezas de la Historia del Arte. Basta ver las esculturas de mármol cuyo tratamiento nos inspira una seda que revela rostros y algunas partes del cuerpo, o se ciñe a ellas de tal manera que olvidamos que estamos apreciando roca sólida.
Las transparencias empoderan. Todo rastro de la pandemia, aquel evento trágico que desmoronó al mundo, comienza a diluirse como una gota de tinta que se pierde en un enorme cuerpo de agua. La fuerza por volver a vivir se intensifica deseamos salir, volver a encontrar aquello que éramos antes de este amargo periodo, sentirnos poderosas, vistas y deseadas; volver a envolvernos en veladas donde se retome el juego de la seducción, del coqueteo, mostrar quiénes somos. Tejidos como la organza, el encaje, la gasa, el tul, visten nuestra piel y, esencialmente, revelan nuestra personalidad; todo aquello que por tanto tiempo se ocultó tras ventanas, pausas, silencios y otros espacios de seguridad.
Y, desde luego, en esta temporada tan larga de introspección, los juegos de seducción y coquetería también han sufrido una transformación bastante loable para las mujeres. Mientras más pasa el tiempo, reafirmamos que las mujeres no nos vestimos para gustar a los hombres. Si vemos los casos específicos de uso de transparencias, en alfombras rojas o en fotografías de revistas, apreciamos a mujeres con personalidades avasalladoras, fuertes, con un alto grado de independencia que buscará casi todo, excepto aprobación. Un outfit con transparencias eleva a una mujer, la hace sentir increíble —como si no perteneciera a este mundo, sino que forjara el propio— y forma de él una nueva manera de cubrirse, una segunda piel; una especie de pintura que se impregna en cada cuerpo, llenándolo de confianza y dominio sobre sí mismo y su universo.
Aunque ha evolucionado con los años, el indómito naked dress siempre ha causado revuelo
Últimamente, la moda deja poco a la imaginación. La tendencia del naked dress y, en general, de la ropa transparente, en sus diferentes formas y niveles de (in)discreción, se ha vuelto insoslayable de un tiempo a esta parte: pezones, ombligos y tangas a la vista han agraciado todas las alfombras rojas recientes, desde los Grammy hasta los Oscar. Si bien los ecos de los años 90 son los que dominan el auge actual de las transparencias, lo cierto es que las prendas translúcidas llevan siglos dejando boquiabiertos al personal.
Las transparencias siguen escandalizando al mundo
Tras la Revolución Francesa. En 1913, las faldas y vestidos diáfanos, apodados ‘rayos X’, causaron tal revuelo en Estados Unidos que el alcalde de Portland ordenó que se arrestara a sus usuarias.
Las transparencias volvieron con fuerza en 2022 y no parecen perder fuelle. Chanel, Nensi Dojaka, Prada, Ferragamo, Dion Lee, Rodarte, Emilia Wickstead, Heron Preston, Rick Owens, LaQuan Smith e Y/Project son algunas de las marcas que han jugado a revelar piel en sus últimas colecciones.
La valiente elección estética no solo abunda en las pasarelas: Ciara, Janelle Monáe, Emily Ratajkowski, Ashley Graham, Julia Garner, Daisy Edgar-Jones, Emma Chamberlain y Hailee Steinfeld optaron por naked dresses para asistir a la fiesta de los Oscar de Vanity Fair; hay también hombres, como Austin Butler y Shawn Mendes, que se han sumado a la tendencia en distintos grados; y algunas celebrities, como Kendall y Kylie Jenner o Hailey Bieber, le han dado una vuelta de tuerca al look llevando medias a modo de pantalones.
Aunque cada vez se vuelve más popular, el look sigue siendo objeto de mucho sensacionalismo e incluso inquina. Cuando Florence Pugh asistió al desfile de alta costura de 2022 de Valentino con un vestido fucsia transparente, le llovieron las críticas. Sin embargo, fiel al espíritu indómito de la prenda, Pugh contraatacó: “Siempre ha sido mi misión en esta industria decir ‘que os den’ cuando alguien pretende transformar mi cuerpo en mero objeto de opinión sobre lo que es o no ‘estar buena’ o ser sexualmente atractiva”, escribió.
Por primera vez, parece que estamos sobrepasando los límites de la desnudez. Las marcas llevan mucho tiempo exhibiendo los pechos de las modelos en las pasarelas, pero hoy en día tanto las celebridades como las personas anónimas tienen cada vez menos reparos en mostrar su anatomía. Puede leerse como un acto de rebeldía contra las restricciones puritanas que se imponen al cuerpo femenino o quizá como una señal de que la desnudez no debería preocuparnos tanto. En cualquier caso y tome la forma que tome, lo transparente es sexy, subversivo y poderoso. Para constatarlo (y defenderlo), repasamos en imágenes algunos de los mejores looks transparentes de la historia.
Transparencias: un viaje visual a la autenticidad
Desde tiempos inmemoriales, el misterio nos atrae. Nos encanta ver, pero nos sentimos todavía más atraídos por aquello que no vemos. Como buscadores de equilibrio, nos fascina aquello que nos permite asomarnos un poco, pues después querremos descubrir más. Nuestra mirada y nuestros sentidos se dejan envolver por aquello que nos llama, al tiempo que nos muestra sólo una primera salida de su esencia. Una muestra sutil es una dosis perfecta para querer beber más de un elíxir que nos seduce.
Pero más allá de la sensualidad que evocan las transparencias, estas mismas han sido un concepto valorado en muchas industrias. En la moda, particularmente, han tomado un significado especial. Ya no hablamos únicamente en su sentido más literal, que involucra materiales claros y diáfanos, sino también en la manera en la que las marcas comunican sus procesos y su ética a todos los niveles.
Hay, en las transparencias, una fuerte vinculación a una libertad mental total que rechaza los complejos, un desprendimiento de carácter y un poder de decisión brutal. Esta vez, somos las mujeres que siempre hemos sido vestidas de manera sensual, decidiendo por nosotras mismas el cubrirnos con estas prendas. Nosotras tenemos la capacidad de decidir y manejamos a nuestro deseo el placer de dejar a otros mirar.

