La falta de agua potable en los distintos departamentos de la provincia de San Juan es una realidad que se repite año tras año y que, lejos de encontrar soluciones de fondo, parece profundizarse. La sequía prolongada que atraviesa la región, el uso excesivo del recurso y una gestión ineficiente y descuidada durante largos períodos confluyen en un escenario crítico que se manifiesta con mayor crudeza en pleno verano, cuando las altas temperaturas incrementan la demanda de un bien tan vital como escaso.

No se trata solo de agua para beber. El suministro de agua potable es esencial para la higiene personal, la limpieza del hogar y el cuidado del entorno. Sin embargo, miles de sanjuaninos se ven privados de este recurso básico durante días o semanas, soportando bajas presiones o directamente la ausencia total del servicio. Frente a este panorama, las acciones de OSSE suelen limitarse a restricciones horarias para usos no esenciales -como el riego o el lavado de veredas entre las 9 y las 21- y a campañas de concientización que, aunque necesarias, resultan claramente insuficientes para enfrentar la magnitud del problema.

Hay departamentos que históricamente padecen con mayor intensidad la falta de agua potable. Albardón, Sarmiento, Jáchal y Caucete, tanto en zonas urbanas como rurales, además de sectores del Gran San Juan, sufren cada verano el mismo calvario. Apenas suben las temperaturas, los reclamos comienzan a multiplicarse y, pese a ello, la presión en las cañerías disminuye de manera sostenida durante toda la temporada estival.

El caso de Caucete resulta particularmente ilustrativo. A pesar de las obras realizadas por OSSE en la ciudad cabecera, incluyendo el recambio de cañerías y la renovación de la red cloacal, numerosos barrios tradicionales continúan quedándose sin agua en distintos momentos del día. Y cuando el servicio se restablece, el caudal es tan escaso que muchas veces no alcanza siquiera para llenar los tanques domiciliarios.

Entre las causas principales aparece la sequía y la reducción histórica de los recursos hídricos. El caudal del río San Juan ha disminuido de forma alarmante, afectando la disponibilidad general. La paralización parcial del Acueducto Gran Tulum, una obra clave pensada para abastecer a más de un millón de habitantes, es otro ejemplo de promesas inconclusas que hoy pesan como una oportunidad perdida.

En los departamentos más alejados, los sistemas tradicionales están obsoletos y los acuíferos muestran signos de agotamiento por la falta de recarga natural. A esto se suman el derroche, el uso indebido del agua potable, un consumo per cápita elevado, la contaminación y una infraestructura deficiente.

La situación exige respuestas urgentes y una planificación de largo plazo. El Gobierno provincial, a través de OSSE, debe implementar sin demora un plan de contingencia serio y transparente. Esperar al colapso solo profundiza el malestar social y empuja a los vecinos a medidas extremas de protesta. El agua no puede seguir siendo una deuda pendiente en una provincia donde cada gota cuenta.