Durante 2025 Argentina consolidó su perfil minero, ampliando su cartera de proyectos avanzados con varios informes técnicos y presentaciones o aprobados de RIGI. El balance, según el sector, fue positivo, pero al mirar en detalle, los movimientos fueron heterogéneos y eso marca un inicio de 2026 con puntos de partida distintos según el tipo de mineral y provincia. Un factor central tiene que ver con los precios internacionales, que marcaron la agenda mundial y definieron a nivel local. Pero también jugó un rol central el avance acumulado antes de que los vientos políticos y macroeconómicos fueran más favorables.
Desde enero a noviembre (último mes con estadísticas oficiales), las exportaciones mineras nacionales marcaron un récord y crecieron un 30,7% respecto al mismo periodo de 2024. El país recibió en divisas 5.406 millones de dólares en los primeros 11 meses del último año, comparado con los 4.137 millones de 2024 y el promedio de 3.452 millones de dólares entre 2010 y 2024.
La composición de estas ventas al exterior muestra la matriz productiva minera: el sector metalífero sigue siendo el más fuerte en cuanto a generación de dólares. El 82% se explica por la venta de oro y plata, mientras el 14% corresponde al litio y otro 3% a los demás minerales. Con esta distribución queda en claro que Argentina sigue siendo un país signado por sus minas de metales preciosos, pero también tiene que ver con cómo se movieron los precios internacionales.
Oro y plata, gran generador de divisas, a pesar de sus problemas
Las crisis globales, signadas por la inestabilidad bélica en medio oriente y África y los efectos de los aranceles que impuso Donald Trump desde Estados Unidos, hicieron que el resguardo de valor en oro y plata sea el más elegido. El metal dorado aumentó su valor un 65% durante el último año, con el mejor precio en 46 años. Su valor final fue de 4.549,9 dólares la onza. Este metal representa el 70% de las exportaciones, pero también su valor mueve el de la plata, por lo que el complejo más importante del país suele subir en simultáneo.
Si bien el récord de exportaciones está vinculado directamente con el crecimiento del precio del oro, hay otra lectura, que muestra la situación en el país: no se pudo aprovechar la ola alcista por completo. Es que según el informe de la Secretaría de Minería, las exportaciones de metales preciosos crecieron un 31%, la mitad de lo que escaló el precio internacional. No se trata de que el país venda el oro y la plata más barato, sino que produjo menos durante el periodo, en comparación con el año anterior.
La explicación a por qué el sector que tenía las mejores perspectivas de ventas no logró aprovecharlas, está en la crisis que sufre la minería metalífera hace 10 años. El país sufrió una crisis de exploración de nuevos proyectos de oro entre la década de 2010 y principios del 2020. Los bajos precios internacionales, las crisis económicas del país y el fuerte impacto en algunas provincias de movimientos antimineros mermaron los presupuestos de exploración.
Los valores en dólares invertidos en buscar nuevos proyectos de oro o en encontrar más reservas cerca de los activos cambió varias veces en la última década. En 2015 y 2016 se registraron los dos periodos más bajos: 70,5 y 64,1 millones de dólares respectivamente. Los tres años siguientes aumentó el interés de las exploradoras, ascendiendo a 99,8, 110 y 117,6 millones de dólares respectivamente, para volver a caer a 71,7 millones en 2021. A partir de ese año los números mejoraron, con un pico en 2022 de 179,7 millones de dólares y más de 135 millones de dólares los dos años siguientes. En estos últimos periodos se empezó a notar el impacto de la guerra de Ucrania, que fue un incentivo al precio del oro.
Si bien la tendencia se revirtió, no llegó a tiempo a que se pongan en marcha grandes minas de oro y plata nuevas. Terminó cumpliéndose la alerta que desde hace una década repetían los empresarios mineros: la producción de oro iba a sufrir por la falta de inversión en exploración, motivada por la falta de incentivos internos. Con menos dinero invertido en exploración, los proyectos mineros toman años en desarrollarse y un cambio de mercado internacional no puede ser aprovechado de un día para el otro, por más histórico que sea el valor de un mineral.
La producción de estos metales se concentra en San Juan, Santa Cruz, Jujuy, Catamarca y Salta. Hay un total de 16 proyectos en funcionamiento, mientras que si se tiene en cuenta todos los identificados en distintos niveles de avance, desde prospección a producción, hay más de 60, pero solo 10 están en exploración avanzada o factibilidad, por lo que están cerca de entrar en producción.
A pesar de esta crisis, el oro y la plata siguen siendo los motores de la minería argentina y también en las provincias. Esto se ve sobre todo en San Juan y Santa Cruz, las dos provincias que tienen la mayor cantidad de minas extrayendo recursos y que juntas representan el 68,7% de las exportaciones mineras del país. En la primera hay tres minas en producción: Veladero, el mayor proyecto del país, Gualcamayo y Casposo. En la jurisdicción patagónica hay 6 minas funcionando de oro y una más de plata. En ambos casos, la minería representa más del 85% de las ventas al exterior de las provincias, siendo el motor económico más importante que tienen.
Cobre, la esperanza del largo plazo
La idea de que el cobre es la llave para la transición energética logró asentarse en el inconsciente argentino, después de que fuera el litio el principal referente. El siguiente paso es, probablemente, que se afiance la idea de que también es la producción a largo plazo y más estable en materia de creación de empleo y movimiento económico.
Los proyectos cupríferos son los que anunciaron mayor volumen de dinero durante el último año. El RIGI se convirtió en una herramienta para que, al menos en esta etapa, este sector pueda mostrar que se trata de un gran movilizador de fondos, aunque todavía no haya grandes desembolsos en lo concreto. En total, están propuestos dentro de este metal 18.200 millones de dólares solo entre los que solicitaron el ingreso al RIGI, que son MARA, El Pachón, Los Azules y Vicuña. Este último hizo una propuesta de 2.000 millones de dólares, pero se estima que la inversión final podría acercarse a todas las propuestas ya ingresadas.
Pero el universo de posibilidades cupríferas no se termina con los que están en el régimen. También están otras posibles inversiones como es PSJ Cobre mendocino en Mendoza, que por su volumen de inversión menor puede ser de los primeros en iniciar, Taca Taca en Salta que espera su aprobación ambiental y otros proyectos rezagados como Altar, que tiene un plan de 2.800 millones de dólares para una puesta en marcha en etapas.
Por el momento, el cobre es más una expectativa que una realidad. No hay proyectos en producción a gran escala en Argentina, solo existe una mina de menor tamaño en Jujuy, cuyas exportaciones no impactan prácticamente en la balanza comercial. A pesar de esto, una de las fortalezas del cobre es que se trata de proyectos de larga vida útil. Así, Vicuña anticipó más de 40 años de producción, aunque se habló en algún momento de que podía tener 80 y el resto asegura por lo menos 10 años de extracción.
En cuanto a la exploración, en la última década pasó de presupuestos de 24,6 millones de dólares a más de 200 millones de dólares anuales. El mayor salto se dio entre 2024 y 2023 cuando prácticamente duplicó el valor entre un año y otro y se espera que siga creciendo. Esto se explica en parte por su valor internacional, que entre noviembre de 2024 y el mismo mes de 2025 aumentó un 19,1%, con expectativas alcistas. Pero a la vez, la irrupción del RIGI y los cambios en la política macroeconómica fueron una base fuerte para el interés internacional.
Es que al ser inversiones de largo plazo, con márgenes de riesgo más altos que el oro, los inversores internacionales están mirando la oportunidad de iniciar proyectos en un contexto que les permita tener reglas claras. En este sentido, el régimen de incentivos fue central y esto se puede ver en los resultados. Si bien fue una herramienta creada para poner en marcha el sector energético más que el minero, el grueso de la inversión propuesta se explica en los proyectos cupríferos. Incluso hay en la actualidad voces del sector que están pidiendo la extensión por un año de la medida, para que puedan ingresar los que todavía no tienen aprobaciones ambientales o que no llegaron a presentar su factibilidad.
El litio, camino a estabilizarse
El componente central de las baterías fue central para la transformación de la imagen de la minería en buena parte del país. Según un informe de la consultora Poliarquía del año 2024, fue este metal el que logró torcer la aprobación del sector, que antes tenía como cara visible al oro. Su rol como mineral de transición, central para el cambio de una energía con más emisiones de carbono a una más amigable con el ambiente, sirvió para que incluso en zonas no mineras, como Buenos Aires, se empezara a pensar en la industria como una alternativa para la generación de dólares.
En este camino, el litio vivió una montaña rusa en cuanto a su valor. Llegó a venderse a más de 80.000 dólares la tonelada en 2022, pero cayó a 9.000 o 10.000 dólares entre 2024 y 2025. Esto estuvo directamente relacionado con la geopolítica y la demanda internacional. El máximo fue en medio de un incremento de la producción de autos eléctricos, pero también con los años posteriores a la guerra entre Ucrania y Rusia y el inicio del enfrentamiento comercial entre EEUU y China, cuando el mercado internacional empezó a intentar despegarse del gigante asiático.
Los presupuestos en exploración y el inicio de nuevos proyectos incrementaron la producción global y buena parte de este interés llegó al Triángulo del Litio, que conforman zonas de Chile, Bolivia y Argentina. La inversión en exploración pasó de 3,4 millones de dólares en 2015 a 124 millones de dólares en 2024. Fue en este momento que en el país los proyectos comenzaron a surgir con mayor velocidad y entre ese punto el 2023 la producción en Argentina pasó de estar concentrada en un solo proyecto a tener 4 minas a finales de 2025 produciendo y exportando.
Si bien el precio internacional bajó abruptamente durante esta explosión litífera en el país, el sector siguió invirtiendo. En la actualidad explica el 13% de las exportaciones mineras internacionales y hay cinco propuestas dentro del RIGI para ampliar o abrir nuevas explotaciones en el NOA. El crecimiento en la capacidad instalada y extractiva hizo que este metal, que antes era de menor impacto, supere los dólares que genera la plata, un mineral con mucha más historia en el país.
Tanto analistas argentinos como internacionales coinciden en que el litio no llegará otra vez a sus máximos de principios de la década. El valor en ese momento se trató de una anomalía en el mercado, producto de la aceleración de la demanda y el riesgo que implicaba la dependencia en China. Incluso fue este país el que generó en buena parte el desplome, cuando bajó su demanda en 2023.
A pesar de esto, el metal se encuentra en un escenario de mayor equilibrio. Se espera que en 2026 el precio se fortalezca nuevamente y termine el año por encima de los 12.400 dólares la tonelada de litio equivalente. A futuro, la necesidad de los autos eléctricos continuará de la mano de los requerimientos de transporte con menos emisión de gases invernaderos.

