18 de enero de 2026 - 01:00

La quinoa sanjuanina propuesta para demostrar sus cualidades en el espacio

La posibilidad de que una semilla desarrollada en San Juan viaje al espacio parece, a primera vista, más propia de la ciencia ficción que de la agenda agroproductiva local. Sin embargo, es un hecho concreto. La quinoa variedad INTA Morrillos, creada y registrada por el INTA San Juan, ha sido propuesta para integrar un experimento internacional que evaluará la respuesta de semillas en las condiciones extremas del espacio exterior, según se informó en los últimos días de 2025. De concretarse, la provincia estaría aportando conocimiento y genética a un hito científico de alcance global.

La quinoa es un grano ancestral, valorado desde hace siglos por las culturas andinas, y hoy reconocido a nivel mundial por su extraordinario valor nutricional. Su alta concentración de proteínas, aminoácidos esenciales, minerales y su condición de cultivo rústico la convierten en una aliada estratégica frente a los desafíos actuales de la seguridad alimentaria. Precisamente esas cualidades fueron las que motivaron al INTA a reintroducirla en San Juan, luego de haber desaparecido de la región tras la conquista española. El objetivo fue claro: diversificar la matriz productiva, ofrecer alternativas frente a la escasez hídrica y adaptarse a un escenario de cambio climático cada vez más exigente.

Los resultados obtenidos con la variedad INTA Morrillos superaron las expectativas. Su resistencia a temperaturas extremas, al déficit de agua y a ambientes hostiles despertó el interés de proyectos vinculados a la exploración espacial. Investigaciones científicas previas, realizadas en entornos que simulan condiciones extraterrestres, demostraron que las semillas de quinoa pueden tolerar temperaturas cercanas a los -200 ºC, el alto vacío del espacio y una radiación intensa, manteniendo una viabilidad y capacidad de germinación cercana al 90 por ciento. Son datos contundentes que explican por qué hoy se evalúa su comportamiento en una órbita real.

El experimento propuesto permitiría someter a la INTA Morrillos a microgravedad y radiación cósmica, dos factores imposibles de replicar plenamente en la Tierra. El análisis posterior de eventuales cambios genómicos y estructurales en las semillas aportaría información clave tanto para la agricultura espacial como para el desarrollo de cultivos más resistentes en nuestro propio planeta.

Claro que el camino no está exento de desafíos. Para que las semillas puedan participar del ensayo es necesario cumplir con estrictas normativas de exportación de material vegetal, gestionar certificados y establecer Acuerdos de Transferencia de Material. Son pasos complejos, pero indispensables en un proyecto que trasciende fronteras.

Más allá de lo técnico, esta iniciativa simboliza algo mayor. San Juan, desde su sistema científico-tecnológico, podría contribuir a un avance en la astrobiología y consolidar la cooperación internacional en biotecnología. Una semilla ancestral, recuperada del pasado, proyectada hacia el futuro y con potencial para transformar la seguridad alimentaria en la Tierra y más allá. Un orgullo local con impacto universal.

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