Desde el inicio del actual período de sequía que afecta a la provincia se ha dicho que una de las claves fundamentales del aprovechamiento hídrico está en la conservación del buen estado de los canales de riego, con una limpieza adecuada que por lo general se hace durante el período de monda –que va desde mayo hasta julio o agosto según la programación de los trabajos– y el control del estado de la impermeabilización de cauces que cuando tiene fisuras se provocan pérdidas de agua que afectan tanto a los regantes como a la provincia en general.
Un aspecto de fundamental importancia es el de evitar ensuciar los canales con residuos sólidos urbanos, desde envases de nylon, botellas de plástico y desechos domésticos en general hasta artefactos y aparatos que son arrojados a los cauces con total impunidad, como se ha comprobado en las últimas semanas en canales matrices del sistema de riego del Valle de Tulum, tal el caso del Canal Benavidez y el Canal Céspedes de donde se llevan extraídas más de 350 toneladas de basura. Esto se está consiguiendo con un operativo de refuerzo de limpieza de los canales que se ha implementado este año en particular por primera vez al haberse detectado una insólita acumulación de basura en los cauces.
La importancia de que los 927 kilómetros de canales impermeabilizados y los 506 kilómetros de canales de tierra, como también la extensa red de acequias urbanas y rurales de barrios y villas, estén en óptimas condiciones es que el agua se aproveche de la mejor manera a fin de cumplir con el objetivo de contribuir al desarrollo de los distintos cultivos y usos que sele da al agua en toda la provincia.
De acuerdo a los pronósticos, de no mediar alguna situación muy especial que desencadene en numerosas nevadas en la alta cordillera, la próxima temporada se volverá a disponer de poca agua, por lo que su cuidado es fundamental para garantizar este recurso tanto para el riego de la zona productiva como para el consumo humano.
Ya hemos reiterado en otras ocasiones que hay que asegurar que toda el agua que se vuelca a la red llegue hasta los tramos finales de la misma con el empuje necesario a fin de garantizar que los ‘coleros” (regantes que están en la parte final del sistema de riego) rieguen en la misma forma que los que están más adelante. Es un principio básico que hay que tener en cuenta para garantizar a todos los productores que el agua está bien administrada y que lo que se pretende es que beneficie a todos por igual.