Las lluvias registradas en las últimas semanas, sumadas a temperaturas elevadas propias de la temporada estival, han creado el escenario ideal para el crecimiento acelerado de la población de mosquitos en la provincia. Esta combinación climática no es un dato menor: implica un aumento concreto del riesgo de propagación de enfermedades virales como el dengue, el zika y el chikungunya, transmitidas por el mosquito Aedes aegypti, cuya presencia autóctona ya está confirmada en nuestro territorio.

El dengue, en particular, representa la amenaza sanitaria más grave del verano. La experiencia indica que de la eficacia y la oportunidad de las acciones preventivas dependerá que la enfermedad se mantenga bajo control o derive en una epidemia con consecuencias difíciles de manejar. En los últimos años, la provincia registró casos que encendieron señales de alarma y pusieron en tensión al sistema sanitario. Si bien no se llegó a una infección masiva, el riesgo sigue latente y se ve potenciado por la proliferación de mosquitos detectada tras las recientes lluvias.

El sistema de salud ya enfrenta otras patologías estacionales y no está en condiciones de absorber una circulación comunitaria intensa del virus. Por ello, la prevención no puede limitarse a campañas informativas aisladas ni a la sola intervención del Estado. Es imprescindible intensificar las acciones y encararlas con firmeza, entendiendo que el control del dengue se juega, en gran medida, en el ámbito doméstico y comunitario.

Los consejos para evitar la proliferación del mosquito son conocidos y sencillos, pero su eficacia depende del compromiso real de la población. El Aedes aegypti utiliza recipientes con agua estancada para reproducirse: macetas, neumáticos en desuso, bebederos de animales, canaletas obstruidas, jardines descuidados y todo objeto capaz de acumular agua durante varios días. Eliminar estos criaderos es la medida más directa y efectiva para cortar la cadena de transmisión, dado que el dengue se contagia entre personas únicamente a través del mosquito vector.

Desde Salud se han impulsado acciones conjuntas con otros organismos del Estado, como la siembra de mojarras en espacios acuáticos para controlar larvas, y se cuenta con la colaboración de algunos municipios. Sin embargo, la lucha contra el mosquito debe darse desde múltiples frentes. La limpieza sostenida y el orden urbano son pilares fundamentales para evitar un crecimiento descontrolado de la población de insectos.

El desafío consiste en actuar con responsabilidad, sin generar alarma excesiva. No se trata de vivir con miedo, sino de promover hábitos de limpieza y prevención que reduzcan la necesidad de fumigaciones constantes o el uso indiscriminado de insecticidas y repelentes, prácticas que también pueden afectar la salud a largo plazo.

La sociedad tiene un rol central: generar conciencia individual y colectiva de que la única forma de evitar estas enfermedades es combatiendo al mosquito transmisor. Prevenir hoy es la mejor estrategia para no lamentar mañana una crisis sanitaria evitable.