Las nuevas paradas de colectivo inteligentes que comenzó a instalar la Municipalidad de Rivadavia representan mucho más que una mejora estética o tecnológica. Son, en realidad, una señal clara de hacia dónde debería avanzar el transporte público en San Juan, que es hacia un sistema que ponga en el centro al usuario y que contemple las duras condiciones climáticas que caracterizan a la provincia, incluso con mayor severidad en otros departamentos alejados del Gran San Juan.

A lo largo de los años, no han faltado intentos por construir paraderos más confortables. Sin embargo, la mala calidad de los materiales utilizados y, sobre todo, el destrato social que sufrieron muchas de esas estructuras terminaron frustrando buenas intenciones. El vandalismo nocturno, ajeno a los usuarios habituales del servicio, fue un denominador común que dejó a muchos refugios en ruinas o directamente los hizo desaparecer.

Existen antecedentes en varios departamentos. En 25 de Mayo se intentó diseñar paradas más abrigadas en invierno y con mayor sombra en verano. En 9 de Julio, tanto sobre Ruta 20 como por calle Zapata, uno de los accesos a la villa cabecera, se construyeron paraderos en reiteradas oportunidades que no resistieron el paso del tiempo. Hoy se ensaya un nuevo intento con estructuras coloridas sobre la Ruta 20, con la esperanza de que esta vez perduren. En Caucete se llegó aún más lejos, con paradas que incluían amplias áreas de sombra, cargadores de celulares e iluminación solar, hoy lamentablemente deterioradas por actos vandálicos. La Capital tampoco estuvo exenta. Modernos paraderos iluminados con energía solar que hoy, en muchos casos, permanecen a oscuras y en condiciones de higiene deplorables.

En ese contexto, la apuesta de Rivadavia sobresale. El primer paradero ya instalado sobre avenida Libertador General San Martín, a la altura de la plaza Madre Universal, es inteligente, climatizado y de diseño futurista. Cuenta con aire acondicionado frío-calor, pantallas informativas en tiempo real, cerramiento de blindex, asientos, iluminación LED y, en algunos casos, puertas corredizas automáticas. Está previsto construir seis en total durante este año, en puntos estratégicos como la UNSJ, la Universidad Católica de Cuyo, el Municipio y el hospital Marcial Quiroga.

El impacto positivo en la experiencia del usuario es innegable. Protección frente al calor extremo y al frío intenso, mayor seguridad y una espera más digna elevan la calidad del transporte público. Pero la clave para que esta política sea sostenible no está solo en la tecnología. Será imprescindible que los sistemas de seguridad y vigilancia funcionen de manera permanente y que no haya relajamiento ni de las autoridades municipales, ni de la Policía de San Juan, ni de los organismos provinciales de Tránsito y Transporte.

Replicar este modelo en toda la provincia es posible y necesario. Cuidarlo, en cambio, es una responsabilidad compartida. Sin ese compromiso, cualquier avance corre el riesgo de volver a convertirse en un intento fallido más.