La cita electoral en Chile del último fin de semana tuvo la expectante elección de constituyentes para redactar la nueva Constitución que reemplazará a la Carta Fundamental de 1980, de la dictadura de Augusto Pinochet, con una serie de reformas tras la caída del régimen militar, durante el Gobierno de Ricardo Lagos, en 2005. A pesar de esa actualización el estallido social de 2019 dejó al descubierto las fallas institucionales cuya corrección sólo podían darse con un borrón y cuenta nueva para un actualizado Estado de derecho.
El papel de los independientes capitalizó la demanda popular con una representatividad de 155 convencionales, escrutado el 90% de las mesas, sorprendiendo a los observadores la fuerte derrota sufrida por la derecha y la centroizquierda, dejando con escasa influencia a los partidos tradicionales, tanto del que llevó a la Presidencia a Sebastián Piñera, como a los que lideraron la transición a la democracia y gobernaron Chile desde 1990. El oficialismo ni siquiera logró el tercio de representantes necesario para negociar con la nueva fuerza opositora surgida de la Constituyente.
Estas elecciones son consideradas como las de mayor importancia en la historia democrática reciente del país trasandino, con una oferta de candidatos sin precedentes que deja sin legitimidad a los partidos, ya que un 68% de los constituyentes no milita en ninguna agrupación política. La trascendencia es fundacional ya que el órgano discutirá un nuevo modelo de desarrollo económico, el destino de instituciones como el Tribunal Constitucional, el modelo del Estado, y asuntos sensibles para los mercados, como la autonomía del Banco Central.
La Convención comenzará a trabajar el mes próximo para definir temas fundamentales como el régimen político y sistema de gobierno a fin de corregir el sobredimensionado presidencialismo, de manera de imponer la descentralización y la regionalización para evitar un Estado unitario y fuertemente centralizado en Santiago. Se deberán acordar también asuntos relativos a los pueblos originarios con reconocimiento expreso a legitimar situaciones como las del pueblo mapuche, origen de la escalada de violencia en la región de la Araucania.
El sismo electoral sacudió a La Moneda: "La ciudadanía nos ha enviado un claro y fuerte mensaje, tanto al Gobierno como a las fuerzas políticas tradicionales; no estamos sintonizando sus demandas y anhelos”, dijo Piñera. Fue la mejor síntesis para definir esta elección histórica.
