El recuerdo de haber venido a San Juan hace "muchísimo" tiempo y la felicidad de volver a pisar esta tierra después de "tantos años", es sólo una parte de ese gran cúmulo de alegrías que, ya con 50 años cumplidos de carrera, Teresa Parodi colecciona en su memoria. Así, llegará el próximo viernes a la Fiesta de Albardón para presentar su disco Corazón de Pájaros en una nueva etapa de intérprete y compositora que deja un poco de lado la música de su Corrientes natal, para abarcar un repertorio más amplio.

Campechana, utilizando ese "m’hija" y esas "rr" que todavía huelen al aire de esa provincia que dejó en 1979 para radicarse en Buenos Aires y concretar sus sueños de cantante; la voz litoraleña que hizo suyas canciones como Pedro Canoero y Apurate José, relata cómo se dividió para seguir el camino de la canción sin abandonar su rol de madre de cinco hijos, cómo es hoy como abuela de 12 nietos, cómo recuerda a su amiga y colega Mercedes Sosa a tres meses de su fallecimiento, y cómo quisiera ser recordada.

– ¿Es difícil para la mujer combinar la música con su tarea dentro del hogar?

– En mi caso cuando lo hacía desde Corrientes tenía a mis padres, mis hermanos, mis tías y mis primos… mis cinco hijos se criaron en esos patios de familia grande. Cuando vine a Buenos Aires, mi hijo mayor tenía 11 y el menor 5, fueron años difíciles. Yo todavía no fui conocida hasta el "84 y la primera etapa fue de ambientación hasta que gané Cosquín, pero todos hicimos juntos esta carrera, todos sabían que era mi destino.

– Pero trabajar sin respiro también da sus sustos…

– Eso pasó hace mucho, fue un aviso, un episodio que no llego a ser un infarto porque lo agarramos a tiempo, justo se cumplían 20 años de mi primera presentación en Cosquín, pero no hice ni reposo siquiera, a los quince días me fui a cantar a la Antártida

– ¿Fue discriminada en los escenarios por ser mujer?

– No, nunca. La mujer tiene un gran espacio en la música. Con perdón de los varones el canto latinoamericano es femenino. Hay una preponderancia fabulosa de cantoras, quizás por la misma tradición que la mujer cantaba las nanas, las coplas, las rondas. La mujer, por lo general, es la que lleva la voz cantante. Claro que no somos muchas. Por el hecho de ser madre y el lugar que tenemos en lo social, muchas no se atreven a dedicarse a la canción cuando sus hijos están dando sus primeros pasos o toman la decisión de esperar a que ellos crezcan.

– ¿En su caso, tuvo que decidir o animarse?.

– En mi caso pasó que yo estaba mucho de lunes a viernes y salía los fines de semana, eso, de alguna manera me permitió combinar mi presencia en la escuela y en la casa con los deberes de los chicos, la comida casera y todo lo que traté de hacer por desarraigar a mis hijos de un modo de vida provinciano para traerlos a una ciudad cosmopolita.

– Fue una decisión difícil establecerse en Buenos Aires…

– Llevo 31 años llevo acá, mis hijos se casaron acá, mis doce nietos nacieron acá y mi madre ya no está en Corrientes. Al principio, iba todos los veranos a mi pueblo, los llevaba a los chicos y los dejaba ahí en la temporada de festivales, hasta que crecieron y empezaron a decir que no iban porque se quedaban con sus amigos y sus novias.

– ¿Alguna vez flaqueó en su camino?

– Es difícil pero son elecciones y uno tiene que asumir todos los riesgos, a uno nadie le dijo que iba a ser fácil. Sostener una canción que no va a ser difundida porque no es pasatista y no encaja en el modelo mediático, eso es lo complicado.

– Entre las grandes voces femeninas, es grande el vacío dejó Mercedes Sosa…

– Es la gran voz. Es inigualable y única por la belleza de su arte, es eterna. Era un ser humano maravilloso, tuve el honor de ser su amiga, de compartir con ella sus tristezas, su casa, los escenarios, su vida, su lucha y sus sueños, tenía un sentido del humor maravilloso, un coraje, una pasión y una alegría…

– ¿Puede haber una sucesora?

– Mercedes es irremplazable. Lo que sí, es que somos muchos hombres y mujeres que caminamos tras esa huella fantástica y esa mirada llena de belleza y compromiso; somos muchos los que tomamos la bandera de esa forma de canto popular, el canto profundo de los pueblos que no es para nada efímero y que sigue en las nuevas generaciones.

– ¿Y a usted cómo le gustaría ser recordada?

– Quisiera que las canciones que escribí sobre la historia del país y el reflejo de las personas con sus oficios, algún día, ni siquiera tengan dueño, o mejor…, que sean de todos. Es algo de soberbia, es como rozar la eternidad, pero qué ser humano no sueña con esto.