Con lucidez impecable e imágenes marcadas a fuego, Federico Luppi recorre en charla con DIARIO DE CUYO la historia detrás de La Patagonia rebelde, el film de Héctor Olivera que hoy cumple 40 años desde su estreno. Una película signada por el escenario político del momento, que deparó censura y persecución. Considerada una de las perlas del cine nacional y ganador en el Festival de Berlín, se basa en el trágico enfrentamiento entre trabajadores, empresarios y gobernantes, en los años 20. Allí, Luppi encarnó a Facón Grande, uno de los líderes de los huelguistas que se enfrentan con las tropas enviadas desde la nación para reprimir los reclamos, y donde el expresidente Néstor Kirchner oficiaba de extra. "Él hacía de soldado cuando hicimos las escenas entre Varela y la que era mi columna, en la estación Jaramillo. Cuando Kirchner fue al balotaje con Menem, ahí me enteré que era él’, comentó Luppi en medio de su repaso.
– ¿Qué visión tiene hoy de la película?
– Fue un momento de aventura interesante. El país entraba en una turbulencia política muy aguda y nos pareció una buena ocasión para contrarrestar un poco la oscuridad política con el testimonio de una lucha importante, como fue La Patagonia rebelde de aquellos primeros datos de José Borrero (NdeR: abogado español, de la Federación Obrera en Santa Cruz) que luego investigó a fondo Bayer. Nos parecía que a pesar de que no había demasiada tranquilidad, valía la pena plantearnos una revisión de la historia.
– ¿Fue algo temerario encarar ese proyecto en ese contexto?
– No. Si bien teníamos exacta conciencia de lo que estaba pasando, nunca, ni productores ni actores pensamos que podía pasar lo que pasó, y llegar a lo que llegó el país.
– ¿Lo de ustedes fue una iniciativa más romántica?
– Nos parecía que era importante hacer esta película, que tenía todas las características típicas del western, porque la Patagonia era eso, y que valía la pena. La filmación fue dura pero fue, insisto, más que un trabajo arduo, un paseo aventurero y juvenil.
– ¿Fue un asomo de cine militante?
– No, porque el cine nunca es militante, el cine testimonia. No hay arte militante, hay individuos tienen determinado tipo de pensamiento, que escriben, pintan o hacen cine. Y en definitiva, el artista que se pone bajo la célula de un partido o ideología corre el serio riesgo de terminar sirviendo sectariamente a una idea y no a la traslación estética de un mundo complicado y rico a la vez.
– Ese era el objetivo de ustedes…
– Nos parecía importante porque en aquel momento todos teníamos una conciencia clara de que las cosas no iban bien, no podíamos hacernos los distraídos. Y nunca callarse la boca nos hizo mejor la vida, jamás. Lo importante era poder plantearlo, sobre todo porque el libro de Bayer tenía un serio éxito editorial, y era un momento donde -también en el folclore, por ejemplo- empezaba a plantearse tímidamente un despertar nacionalista, muy gaucho, que tenía un costado muy ingenuo; pero no imaginábamos que iba a venir todo lo que vino…
– En un primer momento tuvieron el visto bueno de entes oficiales…
– En ese momento hicimos una cantidad de entrevistas con dirigentes políticos, con el Gral. Carcaño, que en ese momento era jefe del Ejército, y dijo que sí, que él comprendía que era importante que se hiciera la película. También algunos dirigentes radicales… otros no, porque claro, estaba de por medio la figura de Yrigoyen que de algún modo mandó a Varela a reprimir a los trabajadores, ¿no?
– ¿Es cierto que primero estuvo "cajoneada’, que no le daban calificación y por eso no podían proyectarla?
– Después aparecieron los problemas políticos y apareció un veto del propio Perón, que luego admitió que se podía ver. Ya había comenzado lentamente el accionar del miserable López Rega, y había algunos sectores de derecha que tampoco tenían demasiado interés en que se supiese esto. Hubo una censura proveniente de los mismos hechos cotidianos, donde cada centímetro del espacio político se peleaba a muerte, nunca tan bien empleado el término como esta vez.
– ¿Y ustedes pasaron a integrar listas negras?
– Eso fue cuando López Rega se enseñoreó con el peso represivo, aparecieron muchas listas; en principio seis, después otras más…
– ¿Qué vivió usted concretamente?
– En una segunda lista estaba yo, con otros cinco o seis compañeros. La lista llegó a casa, en un sobre mimeografiado… Confieso que la leí con cierta desconfianza, porque pensaba "qué enemigo podía ser yo para la fuerza represiva’, ¿no? También hubo amenazas telefónicas, las misivas por debajo de la puerta… Llevé la carta a gente que tenía experiencia y me dijo que era real, me dieron un par de consejos sencillos, como para evitar el rapto, ¿no? Era un momento de la historia argentina original y única. Nunca había habido gente de la cultura o científicos o profesores amenazados de muerte con una misiva. En la época de Lisandro de la Torres se batían a duelo, pero esto era una caza de brujas…
– ¿Tuvo miedo?
– Tanto miedo y terror como mucha gente, pero había que hacer de tripas corazón, tener miedo y no demostrarlo. Hice mucha gimnasia en ese sentido y seguí consejos de gente que sabía, cambié mucho de casa por ejemplo.
– ¿Estaba en contacto con los colegas que hicieron la película?
– Sí, nos reuníamos en Actores, o en casas. Brandoni, Alterio….
– Algunos se fueron del país…
– Yo me hubiera ido, pero no tenía ninguna posibilidad. Mis dos hijos eran muy pequeñitos, no tenía contactos afuera, estaba viviendo sólo del teatro que por suerte iba muy bien (El gran deschave); porque ni bien comenzó la persecución, con la llegada de Videla al poder, yo estuve siete años y medio sin poder trabajar en cine ni televisión; sólo teatro y siempre y cuando el que me bancara fuera un empresario privado.
– ¿En algún momento se arrepintió de haber hecho La Patagonia rebelde?
– Jamás, la haría otra vez. Con todo lo que pasé le digo, sin ser canchero ni machista, que jamás bajaré la cabeza ante los hijos de p…, aunque esté de rodillas y sin un mango encima.
– Cuando la película pudo volver a la pantalla, ¿lo vivieron como un triunfo?
– Fue una enorme felicidad, pero sobre todo porque tenía un sentido fílmicamente serio.
– Es que más allá de todo, era un buen producto, se habla de un hito del cine nacional…
– Fue un éxito brutal, ganamos un premio en Berlín. La película fue un logro importante, sobre porque todo no teníamos medios a lo Hollywood y se hizo un uso óptimo de los recursos que teníamos.
– Esa historia que la rodea, más allá de la historia que cuenta, ¿fue clave del éxito?
– Creo que no. Curiosamente, porque parecería que debía haber sido así, la película empezó a funcionar como un documento incisivo y rico de las luchas obreras. Hoy incluso se mantiene entera, que resiste el paso del tiempo. Días atrás la vi y vi muchos compañeros con los que compartimos dos durísimos meses en la Patagonia, que ya no están… fue una aventura juvenil que nos encantó… Y más allá de que pasaron muchas cosas amargas y tristes, lamentaría no haberla vivido.

