Hijo del reconocido artista plástico riojano Miguel Dávila, era bastante previsible -aunque nunca seguro, claro- que su hijo estuviera imbuido en el mundo del arte. Y tan sólida fue la fusión de la influencia paterna y el gusto personal, que se ha convertido en uno de los galeristas de arte más importantes del país. Alejandro Dávila -Sasha- creó en Córdoba su propia galería, Sasha D., fue director de los museos Caraffa y Municipal de Bellas Artes Genaro Pérez (Córdoba) y al frente de la Asociación Argentina de Galerías de Arte, echó a rodar EGGO, la feria de galerías que llegó por primera vez a San Juan (ver aparte). De las galerías, los artistas y el panorama en San Juan, dialogó con DIARIO DE CUYO.
– Las galerías de arte no son precisamente una característica de San Juan…
– No es patrimonio sólo de San Juan, y las cosas suceden por algo: no hay una conciencia de consumo de arte. Yo no concibo una casa sin cuadros, pero tengo esa educación. La gente no tiene necesidad de colgar obras de arte en su casa. Y por otro lado existe este mito de que una obra de arte es como un brillante, y no es tan así, hoy una obra puede ser accesible. Pero además, el arte no sólo es plata, es un problema de enamoramiento.
– Algunos piensan que sólo vale comprar "marcas"…
– Y es un error. No todos pueden tener sólo obras de artistas cotizados, es absurdo. Si uno quiere ser coleccionista, es otra cosa. Pero si quiere tener alguna obra en su casa, puede ir a una feria, donde también hay excelentes artistas y accesibles, incluso algunos muy conocidos.
– ¿Cómo se pone precio a una obra?
– Yo siempre hago esta diferencia, que puede ser muy ácida, entre pintores y artistas. Pintores hay muchos, artistas hay pocos. Para mí llegar a ser artistas es una conjunción de elementos como la perseverancia, la reflexión, la inteligencia; y además haberse insertado en el mercado, en los museos, la cantidad de exposiciones, que haya obtenido premios, sus actividades internacionales, que tenga libros editados… La continuidad es muy importante. El abogado estudia cinco o seis años… El artista también, y aún es común escuchar que se diga "ah, pero esto lo pintó en tres días, cómo voy a pagar lo que pide?".
– ¿Quién es responsable de que se llegue al intercambio: el artista, o el público?
– Creo que entre el artista y el público tiene que haber un mediador, que se puede llamar galería, museo, feria o centro cultural; porque el artista es un creador que tiene que usar su cabeza y tiempo en producir. Es como un científico, que invierte años en encontrar una fórmula. Algunos dicen "pero estuvimos gastando plata en este hombre un montón de tiempo" y no se dan cuenta de que fue una inversión… Lo que sí, el artista tiene la obligación de mirar pinturas, no computadoras. Entre mirar el Guernica en una foto y mirarlo personalmente, hay un abismo. El día que yo me paré delante de él, me largué a llorar.
– En el arte también hay modas, ¿el artista debe pintar lo que quiere o tiene que estar atento a esas "tendencias"?
– Para que yo lo considere como tal, debe expresar sus sentimientos. Expresar significa jugarse. Y jugarse significa que de pronto va a ser cuestionado, porque tal vez sin darse cuenta está rompiendo un esquema. El hecho creativo no tiene concesiones. Pintar para vender no está bien, bueno, no lo comparto… Como decía Picasso: "Hay muchos que pintan porque venden y muchos que venden porque pintan", y este juego de palabras que parece muy básico, es muy profundo.
– Antes hablaste de "educación"… Puede ser una palabra clave para que guste, para que se consuma…
– Un pueblo sin cultura carece de sensibilidad. Un pueblo con cultura es un pueblo con miradas diferentes, con una sensibilidad social y se va a parar de otra manera en el mundo. Los pueblos sin cultura son primarios.
– ¿Qué rol tiene el Estado?
– La cultura no es patrimonio de ninguna ideología política, la cultura es un concepto universal; pero hay que apoyar, potenciar. Es maravilloso que se hagan museos, teatros, pero con contenido, porque están para disfrutar, y también para difundir y educar…
– ¿Y los privados? Galeristas y empresarios, por ejemplo…
– La galería tiene interés en difundir porque en la medida que difunda, vende y gana dinero que sirve para seguir con su proyecto. Luego están los sponsors. Algunos se comprometen, pero a la mayoría le cuesta mucho difundir a través del arte. Yo hablo de invertir, y en general las empresas hablan de gastar, un concepto distorsionado…
– ¿Cómo ves el mapa artístico de San Juan?
– Creo que se está haciendo un buen trabajo. Hay semilleros maravillosos, el problema es que como no hay consumo de arte y la gente debe vivir con dinero, ese artista que promete termina siendo un empleado público. Ser artista es una profesión y hay que estar las 24 horas en función de eso. Pasa también con el galerista… La realidad se los consume. Después están los que lograron despegar, muy pocos, pero porque se fueron, porque no podrían vivir de lo que venden acá. Y esto indica que algo anda mal, es una realidad y hay que tomar conciencia.

