"Hay símbolos que tienen que ver con nuestra patria y con nuestra cultura que es necesario saber respetar, como esta guitarra criolla, sin enchufe que nos ha engalanado por todo el mundo’, "Por eso merecíamos el tiempo para poder hacer una prueba de sonido antes de actuar, no por nosotros sino por respeto a ustedes y al homenajeado. Hay mucha tecnología acá, entonces hagan sonar bien una guitarra criolla, por favor’. Esas fueron las palabras que salieron con bronca de la garganta de Juan Falú, luego de sus varios pedidos por micrófonos a los técnicos, porque no podían escuchar sus instrumentos. Ocupada al 80 por ciento, la Plaza Próspero Molina entera se levantó en apoyo al guitarrista y en la quinta jornada del 54to. Festival Nacional de Folclore de Cosquín la luna se ocultó ante el escándalo.
La noche venía bien, a pura chacarera santiagueña con el Dúo Coplanacu y con El Carabajalazo (la familia Carabajal reunida, en esta ocasión con Cuti y Roberto y Los Carabajal, que volvieron luego en versión dupla, y Graciela); y después del contundente recital cargado de compromiso social de Raly Barrionuevo.
Por eso, el tributo al guitarrista salteño Eduardo Falú, fallecido el año pasado, prometía mucho más que emoción. Pasadas las 3 de la madrugada de ayer, una delegación encabezada por su sobrino Juan en las cuerdas y la cantante Liliana Herrera, acompañados por Lilián Saba en piano y Marcelo Chiodi en los vientos, presentaron todo su virtuosismo en escena, con la idea de realizar un sentido homenaje; y el público estaba decidido a rendirse a sus pies.
"Esperemos que este modo sobrio de hacer música tenga su lugar en esta plaza’, dijo Juan, antes de arrancar. Pero al terminar de tocar un clásico como Tonada del viejo amor, el instrumentista puso el grito en el cielo, por las deficiencias del sonido.
Si bien, el show debía continuar. Rabiando con las guitarras que no se lograban oír, los artistas siguieron con los temas Trago de sombra, Milonga del alucinado, La cuartelera y Las golondrinas. El aplauso era masivo, pese a que la técnica iba de mal en peor.
Todo indica que aún restaba una canción más. Pero Marcelo Simón, como maestro de ceremonia, apareció en el escenario y despidió al conjunto, que fue desapareciendo a medida que el plato giraba para borrarlo del mapa y poner en su lugar a la cantora Flavia Martínez, que quedó en medio de la batalla entre los espectadores que pedían el regreso de Falú y los locutores que trataban de calmar los ánimos. Al final, todo quedó en la nada y don Juan y su grupo no retornaron.
De esta manera, lo que parecía ser uno de los bloques más sobresalientes de la velada, terminó en un mal rato, lejos del recuerdo que se merecía el maestro.

