Considerado uno de los más importantes del país y con un lugar ganado en Latinoamérica, mucho más que cuadros, instalaciones y esculturas encierra el MPBA Franklin Rawson; y especialmente desde que se mudó a su amplia casa propia, hace hoy exactamente 10 años. Fue el 13 de octubre de 2011 cuando quedó inaugurado el edificio de Av. Libertador (ver aparte) y desde entonces ha sido blanco de elogios, tanto por su moderna y cuidada infraestructura como por su rico y conservado patrimonio, sus programas de investigación y también las múltiples actividades y vínculos que teje con la comunidad; aristas todas que le dieron trascendencia internacional. Y justamente en las entrañas de todo eso radica el otro tesoro que guarda el Museo: un universo prácticamente desconocido por el público, poblado de jóvenes especialistas que lejos de la miradas y los spots, manejan los hilos para que todo funcione como debe, sosteniendo la jerarquía del lugar. Y en consecuencia, para que el público pueda disfrutar plenamente cada vez que atraviesa el gran portal de vidrio.


Repartidos en distintas áreas que responden a la dirección -actualmente ejercida por Emanuel Díaz Ruiz, quien sucedió a Virginia Agote, actual Secretaria de Cultura- más de 50 trabajadores se dan cita a diario: la mayoría es personal del museo, otros prestan servicios en distintos edificios públicos; y también hay pasantes de carreras como Artes Visuales, Archivística o Historia, por ejemplo, que hacen sus prácticas preprofesionalizantes. Incluso estudiantes de la escuela Boero se foguean en temas de mantenimiento. Son artistas, técnicos y administrativos que mueven la rueda codo a codo para que el gigante local de las artes visuales no deje de brillar. Y sin exagerar, puede decirse que con su tarea anónima, conforman el cerebro y corazón del Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson.


"Sí, hay un detrás de escena que es muy importante", asiente sin dudar Díaz Ruiz, que oficiará de guía en el recorrido que DIARIO DE CUYO realizó por esos sectores que habitualmente el espectador no ve, pero siente... Bien dicen que lo esencial es invisible a los ojos y aquí aplica.


Permanentemente custodiado por adicionales de la Policía de San Juan que reciben una capacitación para desempeñarse con obra de arte -como todos los que no son profesionales del Museo-, vigilan cada rincón con circuito cerrado de cámaras y también transitan salas y galerías. Ellos además asientan todo ingreso y egreso de obras. Sobre las 6.30 de la mañana empieza a llegar el sector de mantenimiento, luego los de montaje y el administrativo. Ya de 7 a 8 hs el MPBA está a pleno; y sobre el mediodía arriban los orientadores, "custodios de sala" que son quienes reciben al público. Según la agenda del día, habrá sólo exhibición habitual, actividades especiales, talleres y demás; pero la agenda siempre es movida, pues hay mucho que hacer. Sobre las 21 hs termina de retirarse el personal, se empiezan a apagar las luces -el museo permanece con el mínimo de iluminación- y vuelve a quedar sólo la guardia. Lo que nunca se apaga, además del monitoreo, son los detectores de incendios y los equipos de climatización que protegen y mantienen las obras de arte en salas y espacios de guarda en óptimas condiciones de temperatura y humedad. 


"A diferencia de otros edificios públicos, el Museo nunca duerme", apuntó Díaz Ruiz, complacido con los equipos humanos que se han ido gestando en esta década, algunos ya verdaderos profesionales, a la altura de los requerimientos de un museo de bellas artes de esta envergadura.

"Una gran escuela"

Emanuel Díaz Ruiz, quien durante años se desempeñó en las entrañas de la institución, es la cara visible del Museo y quien, como director, tiene a cargo primordialmente el manejo del patrimonio y de la colección; la programación y la complementación con los recursos humanos. "Es un gran trabajo guiar y articular con cada una de las áreas, en lo técnico y lo humano; y con otras instituciones; una gran responsabilidad", dijo. "Pero a su vez es muy gratificante poder ver los proyectos logrados, ahora y en toda esta década del Museo en su nueva sede. Hay un esfuerzo desde lo profesional y lo humano de todo el equipo. Inicialmente cuando se abrieron las puertas de esta casa, ya se conformó un equipo de trabajo muy joven, profesionales en sus rubros, que asumieron el compromiso de seguirse perfeccionando, porque una institución como esta demanda la actualización permanente. Y festejar los 10 años es también festejar la trascendencia y la proyección que logró el Museo, que se ha convertido en una gran academia, una gran escuela de formación profesional, tanto de las artes visuales como de otras carreras; de donde han surgido personas que se han convertido en referentes culturales dentro y fuera de la institución, en distintos ámbitos de la cultura"

El sueño está cumplido


La primera sede del Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson fue en calle Rivadavia, entre Salta y España, donde se inauguró el 26 de noviembre de 1936 (foto izq.). Luego de varias mudanzas -al sótano del Auditorio Juan Victoria y a la ex Escuela San Martín (compartida entonces con el Histórico Gnecco), entre una media docena de lugares que albergaron sus tesoros, terremotos mediante- finalmente el 13 de octubre de 2011 inauguró su casa propia. El moderno edificio frente al Parque de Mayo (foto der.) fue construido por el estudio Gómez Centurión-Suárez y Asociados sobre el viejo Casino Provincial. En una superficie total de 4.805 m2, incluye 5 salas de exhibición con múltiples posibilidades de montaje, auditorio para 176 personas sentadas, biblioteca, salas para talleres y áreas de investigación, depósito, taller de conservación y restauración, confitería y tienda. Debido al crecimiento de su patrimonio, se contemplan ampliaciones, previstas en la obra. 

La cocina del museo


Lucrecia Olmedo, contadora, es la cabeza del área administrativo-contable y nexo con la Agencia San Juan del Bicentenario (dependiente del Ministerio de Turismo y Cultura) que provee al Museo los recursos para las producciones "y para lo que las demás áreas necesiten", explicó. Por su parte, Carmen Pereyra y Paola Alaimo trabajan en Producción, Armado y Logística de todo lo que allí se monta. "Todo lo que se produce en el Museo pasa por este equipo, desde contactar con cada una de las personas con las que diseñamos o programamos una muestra o evento hasta evaluar la viabilidad de los proyectos y buscar proveedores, sponsors y presupuesto", comentaron. "Podría decirse que es la cocina de todo lo que sucede en el Museo, acá se gestiona todo, es gestión cultural pura", agregaron.


Estamos en contacto

Cuatro personas en tres áreas mancomunadas: Melisa Gil, en Comunicación y Asistencia de Dirección, diseña y pone en acción el plan de comunicación interno y externo (conferencias de prensa, gacetillas, etc.), y se encarga de las redes. Ina Estevez se ocupa del Registro y Documentación, esto es, básicamente, el registro fotográfico del patrimonio del museo y también de eventos y actividades que se realizan. También provee de contenidos a las otras dos áreas de ese sector. Y Ana Giménez con Mercedes Cardozo realizan el Diseño y Comunicación Visual del museo, es el núcleo gráfico que elabora la identidad visual del museo y de sus actividades, su representación ante la comunidad. "El Museo tiene una identidad y es muy reconocida. Colores, tipografía, grillas... son diseños propios que tienen mucho que ver con todo esto", precisaron.


Aprender es entretenido

María Elena Mariel y Natalia Quiroga conforman el equipo de Educación del Museo de Bellas Artes Franklin Rawson. Su trabajo se relaciona con diferentes actividades que involucran la parte de extensión de la institución a la comunidad, bajando contenidos didácticos adecuados a los segmentos correspondientes oportunamente. Ellas también están a cargo de los equipos docentes que a tal fin contrata el Museo.

En este segmento pueden ubicarse, por ejemplo, los tradicionales Vacacionarte que el MPBA Franklin Rawson realiza cada verano con niños y jóvenes, donde se aprendes distintos lenguajes artísticos, desde dibujo y pintura hasta teatro, pasando por cine o literatura. En esta misma línea se encuentra el programa para jóvenes Generación Benja, para chicos de 13 años en adelante, que siguen vinculados al Museo.



Salas de puertas abiertas

Nicolás Pardo tiene la función de coordinar la agitada agenda de ocupación de las salas y del Auditorio del Museo de Bellas Artes. Los espacios del museo están disponibles tanto para actividades organizadas por Gobierno -especialmente del Ministerio de Turismo y Cultura- como para iniciativas privadas, sean charlas, conferencias, espectáculos o exhibiciones. Pardo asegura que la demanda es alta, "mucho más desde la creación del Bureau de Eventos y Convenciones, que reúne al sector público, al privado y a universidades", explicó. El espacio más solicitado es el Auditorio, ya que, destacó, se trata de una sala nueva, moderna y muy bien equipada, con una platea de 164 butacas. Depende de la actividad y el solicitante, puede tratarse de un préstamo de sala o de un alquiler, que tiene un canon casi simbólico. 


La casa en orden

El sector de mantenimiento, comandado por Julio Moncho, trabaja en forma preventiva para que el edificio funcione correctamente, desde sanitarios hasta la iluminación en un montaje, pasando por el mantenimiento del sistema de incendios y de refrigeración-humidificación, activo todos los días del año, las 24 horas. Son trece personas, dependen de la Dirección de Infraestructura y cada día que llegan siguen una rutina diaria extensa, donde se revista todo, incluso la jardinería. "Sin ellos no podríamos funcionar, son una parte muy fuerte porque mantienen día a día las condiciones edilicias para que todo lo nuestro pueda seguir su curso. El museo no duerme, funciona haya o no gente, y ellos velan para que todo esté en orden", señaló el director del MPBA. 



Se mira y se escucha

Recientemente creado, el sector Audiovisual está a cargo de Pablo Loaisa, junto a Leandro Gómez, y aunque tiene base en el Museo de Bellas Artes, presta servicios a distintos edificios de gobierno, como el Estadio del Bicentenario. En el Museo se ocupa esencialmente de la técnica del Auditorio y de otros espacios. "Manejamos la parte técnica-audiovisual del edificio, puntualmente dos tercios es la técnica del escenario, video y sonido; y lo mismo en el resto del edificio, salas permanentes y temporarias, talleres, hall y jardín cuando lo requieren. Proveemos parlantes, micrófonos, proyectores, todo lo que tiene que ver con lo técnico-audiovisual; y lógicamente el trabajo es más fuerte cuando hay inauguraciones o eventos especiales, que requieren mucha técnica de equipo de sonido y video", explicó Loaisa.



(Fuentes: Web del MPBA Franklin Rawson, entrevistas con director y personal del Museo, Archivo DIARIO DE CUYO, Publicaciones del Gobierno de San Juan)

Por Estela Ruiz M.
Fotos Maxi Huyema