Refugiada en Pocito, en la casa de su hermana Melba, donde disfruta del sol y la pileta, Edda Bustamante transita la pandemia en la tranquilidad del hogar. Decidió regresar a su provincia natal antes de quedar atrapada en Buenos Aires, sin la posibilidad de visitar a su familia. "Hay que adaptarse, estamos en algo nuevo y hay que afrontarlo como se afronta cualquier problema en lo cotidiano", confesó la artista que se mudó a la gran capital en la década del ’70 para trabajar en cine, teatro y TV, en medio de una charla con DIARIO DE CUYO.

– ¿La pandemia te sorprendió en San Juan o viniste escapando del brote en Buenos Aires?
– Yo estaba por debutar en el Teatro Regina con una obra de un solo personaje, el 27 de marzo; pero ya esto se veía venir en Buenos Aires, entonces, mi hermana y mi amigo Miguel Ángel Alessi me dijeron que viera desde acá el desarrollo de la situación. Yo estaba muy agotada. Así es que agarré mi valijita, puse ropa de verano y me vine.

– ¿Qué sacás de esta crisis?
– Lo más importante que saco es mi forma de pensar. Hay frases que considero basura y una de mis preferidas es: Todo lo que vos querés hacer lo podés conseguir. Y yo digo: relajá que no es así, relajá tu importancia en el universo, el otro existe, poné toda tu garra para los proyectos, tené en claro tu objetivo para no defraudarte, pero también debés abrir tu mirada al afuera porque hay energías que pueden dar vuelta la vida y a veces no se puede hacer nada. Y cuando te frenan de golpe hay que calmarse y buscar un camino alternativo o dejar correr. Por ejemplo, la japonesa Marie Kondo, que se hizo famosa con su método para ordenar el placard, cada vez que la veo me quiero meter una bomba en el cerebro. ¡Qué visionaria! ¡Qué audaz! Hizo un negocio tremendo ¡Hasta yo entré a ver qué me podía enseñar!

– ¿Te ves reflejada en esto?
– Sí. Si alguien me dice: fracasaste, le echo la culpa al otro. Esta es una de las maneras más fantásticas de salir adelante (risas). Claro que también veo lo mío. Si no hay otros alrededor, me digo: calmate, que venís mal, ponete las pilas, retoma lo que estás haciendo si lo sentís. Para mí, no existe la palabra fracaso. No estoy de acuerdo tampoco en la ley de atracción, en eso de mentalizarse, concentrarse, hacer un dibujito; no tenemos el cerebro y nada más, somos mente, espíritu y estómago. Y lo único que se tiene que activar es el deseo de hacer algo que cuando se impone en el cuerpo, uno ya está alineado y se va a cumplir. No hay que buscar lo que se desea, sino encontrar dentro de uno el clic. Si hay que hacer algo por obligación y no sale es porque no había que hacerlo, hay que quedarse tranquilo y no echarse mier… Cuando tenés la calma absoluta, ese es el camino.

– ¿En qué pensaste cuando volviste a San Juan y dejaste en stand by tus proyectos?
– Yo nunca pienso. Cuando hay algo que me supera y soy obligada a abandonar el barco porque se partió al medio, yo acciono. Cuando llegué a la provincia me dediqué a leer los dos tomos de la autobiografía de Sarmiento en el parque de la casa de mi hermana, no hice más que tomar sol, comer y dormir, sin horarios, sin celular y sin pensar nada.

"Necesito encontrar algo que me defina en mi desarrollo como artista, no me pidan que sea mujer de alguien."

– ¿Cuánto tiempo estuviste así?
– Más o menos un mes. Después empecé a ver cómo estaba todo y resolví que lo mejor era quedarse quieta.

– ¿Cómo enfrentás este duro momento de dificultades laborales y económicas que atraviesa el mundo del espectáculo argentino?
– Tengo la suerte de poder mantener mi departamento en Buenos Aires. Acá estoy absolutamente protegida por mi hermana. Y me siento bendecida porque hay mucha gente que está con una angustia tremenda. Dicen que la persona que sobrevive es la que se adapta a los cambios, igualmente yo lo estoy viviendo con mucha tranquilidad en compañía también de Alessi, con quien me reúno en una burbuja creativa.

– ¿Estás produciendo alguna actividad con él?
– Él puso el hombro en algo que estará en la programación del Centro Cultural Conte Grand y no puedo decir más todavía.

– ¿Qué representa para vos volver a trabajar en San Juan?
– Estar en contacto con mis pares sanjuaninos es una alegría, puedo aportar todos mis conocimientos y experiencias. Además lanzaré dos proyectos online, vía Zoom, con mi productora Andrea Alaniz, uno que se llama Encuentro inesperado, para una persona de cualquier género que quiera una charla informal; y la otra es Chamuyando con Edda, con 4 mujeres que podrán conectarse conmigo. Son emprendimientos para llegar al corazón.

– ¿Con miras a establecerte definitivamente acá o pensando en regresar a Buenos Aires?
– Estoy preparando el cuerpo y la mente para volver a Buenos Aires, pero me quedaré todo el verano reforzando mis actividades online y dando algunas clases virtuales. También voy a estar abriendo en estos días en Facebook mi página Edda Bustamente oficial. Lo que me mueve es que estas movidas me van a dar felicidad.

– Vos decís que lo hacés para despejar tu cabeza, no por cuestión económica…
– Necesito encontrar algo que me defina en mi desarrollo como artista, no me pidan que sea mujer de alguien, no soy una ama de casa o madre. Yo vivo pensando en cómo plantar una planta o armar la cama de manera artística, soy una artista en todas las áreas de mi vida. Primero estoy yo con todo mi contenido.

– ¿Te espera algún amor allá?
– En este momento no estoy en pareja y creo que hoy es mejor no estarlo. En Buenos Aires estaba con algo, pero cuando me vine le dije que fuéramos libres; si los sentimientos perduran después de la pandemia, veremos. Si yo me enamoro de alguien es con una dinámica mental que encierra laburar. No sé por qué la gente piensa: vos tenés que encontrar a alguien que tenga buena posición. A mí eso no se me ocurre.

– ¿Tenés miedo en el marco de este contexto epidemiológico?
– No. Si me llego a contagiar ya está, será que hubo algo que no pude evitar porque cada vez que salgo llevo guantes de látex, pantalla, barbijo, toallitas húmedas y alcohol en gel; y no abrazo ni beso a parientes ni amigos. Esto es como en la época del Sida. En situaciones límites, no hay que confiar en el otro, la persona que confía en el otro ya está muerta, entra a la tumba caminando.

– ¿Cómo te sentís?
– Luminosa. Sólo siento bronca porque ni estar encerrada me hizo cambiar algo que me gustaría cambiar y quizas no pasa porque forma parte de mi descontractura mental, que es no cumplir con todos mis dichos. Si digo, por ejemplo: termino esto y voy a hacer 100 abdominales, no lo hago; eso me enoja ¿Por qué lo digo? ¿Por qué?

  
(Foto Marcos Urisa)