Decidido, pero también vulnerable y temeroso, es el perfil que muestra el director Joe Wright al político y estadista británico Winston Churchill, exponiendo su máxima e histórica frase: "Sangre, sudor y lágrimas", como un fiel retrato de sí mismo en la película "Las horas más oscuras". El film que se estrena hoy en las salas comerciales de San Juan es protagonizada por Gary Oldman, en el papel del líder y ex primer ministro del Reino Unido (1940-1945) y además, cuenta con la participación de Kristin Scott Thomas, Lily James, Stephen Dillane, Ronald Pickup y Ben Mendelsohn.


Como su título indica, la película arranca a partir de una fecha crucial y decisiva para Europa: 9 de mayo de 1940, el por entonces primer ministro Neville Chamberlain renuncia al cargo y es reemplazado por Churchill. No se trata de una mera biografía o una cronología de hechos, sino que el espectador se meterá precisamente en un momento tangencial en la vida de Churchill, como político y como hombre. Fueron días angustiantes, enfermizos y asfixiantes con una alta tensión en el núcleo del poder imperial. Cómo dominar y dominarse al mismo tiempo sin perder el control ante una crisis caliente como la Segunda Guerra Mundial. La presión de los ejércitos de la Alemania nazi que estaban a punto de invadir Gran Bretaña era enorme y la duda se cuela en el tiempo más inoportuno: ¿continuar con las negociaciones de paz con Hitler por vía diplomática? o ¿qué fue lo que detonó la decisión de ir a la guerra hasta las últimas consecuencias? El conflicto interno es el leitmotiv de esta ficción.


Colin Firth, con los zapatos del Rey Jorge VI, batallando contra su tartamudez en "El Discurso del Rey", fue un hecho cinematográfico memorable. En este caso, la película de Wright ofrece una continuidad temporal al respecto, pero que muestra al monarca mucho más afianzado, maduro y hasta celoso hacia el propio primer ministro Churchill, en cuanto al manejo del poder, resultando así en un buen antagonista de la trama, de la mano del actor Ben Mendelsohn.


El primer punto atractivo en pantalla, sin dudas, el trabajo actoral de Oldman. Quien la pueda apreciar, notará que no se trata de una imitación más. El personaje se vuelve más real que convence tanto que a tal punto logra sacarle todo tipo de acartonamiento que pueda surgir de un rígido libreto, para hacerlo más humano y creíble. Por ello, se entenderá que detrás del ilustre orador y lúcido estadista, se agita el espíritu de un apasionado actor. Oldman cuenta con antecedentes en interpretar a personajes profundos y conflictivos tales como Sid Vicious en Sid y Nancy, Lee Harvey Oswald en JFK, el Comisionado Gordon en el Caballero de la Noche de Christopher Nolan o al legendario Drácula, versión de Francis Ford Coppola. Pero esta vez, el reto fue más allá de lo esperado, logrando una capacidad de transformación plena: "No fue el desafío psicológico, ni intelectual lo que representaba el mayor obstáculo, fue el componente físico. Quiero decir, sólo debes mirarme a mí y mirar a Churchill...", bromeó el actor luego de ser entrevistado al respecto.


La cinta no para de recibir elogios positivos de la crítica internacional, que ya cataloga a Oldman como uno de los mejores papeles trabajados en su carrera cinematográfica. Con viento de cola, el paso por los festivales ha sido provechoso. Se obtuvo el premio al mejor actor por el Globo de Oro y el que entrega el Sindicato de Actores. Además, es fuerte candidata al Oscar por mejor película junto a otras cinco nominaciones, sumando otras nueve nominaciones a los premios BAFTA, cuya gala de premiación será este domingo 18 de febrero.