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DANZA

David Pérez, bailaor flamenco: "La obsesión por la técnica ha alejado a muchos intérpretes de la emoción"

Defensor de la tradición, el reconocido artista español estará en julio en San Juan, para protagonizar un espectáculo y brindar un seminario.

Por Estela Ruiz M. 30 de junio de 2026 - 17:31

El bailaor sevillano David Pérez llegará por primera vez a San Juan para protagonizar un Tablao Internacional en el Teatro del Bicentenario y para dictar un seminario intensivo, propuestas ambas donde el consagrado artista pone de relieve la esencia del arte andaluz.

Desde Chile, donde se encuentra trabajando, este ferviente defensor de los tradicionales tablaos andaluces –que fue galardonado con el prestigioso Premio El Desplante y nominado al Premio Lorca por su calidad interpretativa, entre otros tantos logros- dialogó con DIARIO DE CUYO acerca de este arte que traspasó fronteras y de su propia pasión, que también lo ha llevado a recorrer el mundo.

En defensa de las raíces del flamenco

Con una sólida trayectoria internacional, Pérez se define como un protector ferviente de la tradición frente a las corrientes que buscan la novedad por la novedad misma, desdibujando la identidad del género.

"En San Juan voy a hacer lo que yo hago principalmente, que es flamenco tradicional manteniendo la línea clásica del baile, porque yo soy un defensor de la línea clásica. Por supuesto adapto siempre mi baile a los tiempos que corren, pero manteniendo la estética flamenca clásica, que creo que a día de hoy está un poco olvidada. Todo el mundo quiere innovar e inventar", manifestó el bailaor.

Para el artista sevillano, la búsqueda ciega de la evolución sin un anclaje claro termina por confundir tanto a quienes están arriba del escenario como a quienes miran desde la platea.

"Siempre digo que hay que evolucionar pero sin distorsionar. Se puede enriquecer de otras cosas, pero sin perder el origen y la raíz de todo esto, porque llega un momento en que se desvirtúa y tanto se mezcla una cosa con otra que no se sabe lo que se está viendo ni haciendo, tanto para el espectador como para el propio intérprete", explicó Pérez.

Siempre digo que hay que evolucionar pero sin distorsionar. Se puede enriquecer de otras cosas, pero sin perder el origen y la raíz de todo esto, porque llega un momento en que se desvirtúa y tanto se mezcla una cosa con otra que no se sabe lo que se está viendo ni haciendo Siempre digo que hay que evolucionar pero sin distorsionar. Se puede enriquecer de otras cosas, pero sin perder el origen y la raíz de todo esto, porque llega un momento en que se desvirtúa y tanto se mezcla una cosa con otra que no se sabe lo que se está viendo ni haciendo

Al profundizar en los elementos que se han ido perdiendo en las producciones contemporáneas, el bailaor remarcó la preocupante sustitución del sentimiento puro por el tecnicismo exagerado.

"Yo creo que principalmente el flamenco como tal nace como expresión de un pueblo, es una manifestación natural del pueblo sin más allá que expresar emociones, sentimientos, quejas, protestas. Entonces siempre en el flamenco como tal, tanto en el cante, el baile o la guitarra, ha habido mucha emoción y mucha expresión. La imposición a día de hoy del querer inventar, de querer innovar, la obsesión por la técnica ha alejado a muchos intérpretes de la emoción y de poner el alma en lo que se está haciendo. Estamos pensando cómo resolver un movimiento lo más difícil posible para impresionar al público, pero al final, bueno, impresiona, pero se aleja de ese flamenco que realmente llega al alma. Quizás con una mirada y con levantar un brazo en su sitio se cuentan más cosas que haciendo una ejecución imposible", detalló.

Esta obsesión por impactar visualmente es un fenómeno que, según relató, se observa incluso en las capitales más importantes de la danza andaluza.

"La obsesión por inventar a cualquier ocurre incluso en Sevilla, tanto que dices, ‘bueno, está bien, es un espectáculo, pero ¿un espectáculo de qué? No sé lo que estoy viendo, no me lo titules como flamenco porque no es flamenco’. Eso ocurre en todas partes del mundo. Como digo, estamos en el 2026, hay que avanzar, hay que adaptarse, pero bueno, vamos a no alejarnos tanto cuando ya el flamenco en sí encierra historia, encierra cultura, encierra tradición, en fin, tiene un montón de cosas tan complejas que han hecho que el flamenco sea lo que es hoy día, como para tirarlo por los suelos en un espectáculo de 60 minutos, ¿no?", argumentó convencido. Y fue por más: “Además, hay una parte de flamenco alegre, una parte de flamenco sentimental, emocional, musical, interpretativa, o sea, porque el flamenco es tan rico, hay una variedad de posibilidades tan amplias que hay flamenco para todos los gustos, sin necesidad de dejar de serlo, ¿no?“.

Un maestro que busca voces propias

El proceso pedagógico representa para David Pérez una de sus misiones fundamentales, enfocada en otorgar libertad a sus alumnos en lugar de moldear copias exactas de su propia destreza.

"Yo le pongo a los alumnos una secuencia de movimiento, pero a la vez les explico: ‘Así es como lo siento yo, así es como lo siente David. Ahora quiero ver que cada uno de vosotros la hagáis vuestra”. Y a partir de ahí es cuando el alumno deja de imitar al profesor. Y cuando el alumno deja de imitar y hace suya la danza, aparece la expresión personal e individual y puede transmitir. Ahí es donde el alumno descubre que a través de una serie de movimientos que yo le he podido enseñar, es capaz de transmitir algo que ya estaba en él, que tal vez no sabía cómo sacar. Hay que dar la herramienta y hacer que cada uno llegue a expresarse como lo sienta, alejado de la perfección en el movimiento", especificó.

Cuando el alumno deja de imitar y hace suya la danza, aparece la expresión personal e individual y puede transmitir Cuando el alumno deja de imitar y hace suya la danza, aparece la expresión personal e individual y puede transmitir

Su filosofía de huye del egocentrismo profesional y se enfoca en compartir generosamente el legado que recibió de las grandes figuras de su juventud.

"Yo siempre lo digo, yo no quiero que me imiten a mí. Yo me encuentro con alumnos que al verlos digo “¡qué bonito se sale!” y me gusta más verlo en el alumno que como yo mismo me imagino haciéndolo”, comentó David, agradecido de sus propios maestros.

“Bueno, yo tuve mucha suerte y quizás por eso tengo ese compromiso de compartir lo que tengo. No que bailen como yo, sino que entiendan lo que yo he entendido y que lo sientan para que se enganchen al baile y sean al menos aficionados, ya no solo intérpretes, sino aficionados a este arte", expresó el sevillano.

Los prejuicios masculinos

La relación de Pérez con la danza comenzó en su infancia, imitando los pasos que observaba a través de la pantalla de su televisor mucho antes de pisar un estudio formal.

"Yo grababa los programas y cuando terminaba me liaba a repetir lo que veía, le daba para adelante y para atrás, para adelante y para atrás, yo quería repetir lo que veía bailando. Llegó un momento en que mis padres decidieron llevarme a un instituto y ahí es donde ya empecé a conocer la técnica, a ser consciente de lo que es esto. Pero sin darme cuenta, no sé ni cómo he llegado hasta aquí, pero aquí estoy. La vida me lo puso por delante y me siento afortunado por ello", dijo conmovido quien a sus 15 años ya estaba firmando sus primeros contratos. “Crecí, me casé, tengo mi familia y todo y al final ya vivo del flamenco. Por eso digo que yo estoy agradecido al flamenco porque es mi vida", acotó.

Consultado sobre la poca presencia de varones en las academias, al menos nacionales, el sevillano –quien puntualizó que lamentablemente es un fenómeno global- analizó prejuicios vinculados a antiguos mandatos sociales relacionados con la masculinidad.

"Pasa en el mundo entero. Yo creo que es vergüenza a un baile expresivo, porque sí hay hombres que bailan otras cosas, incluso reggaetón, pero creo que hay hombres que no se animan a bailar flamenco por miedo a la exposición de la emoción y del movimiento, como que buscan mantener esa apariencia dura… Pero vamos, que el flamenco no es ponerse una flor en la cabeza, mover las manos y contonear la cadera… Yo no me pongo flores en la cabeza, ni me siento de una condición u otra por bailar. Yo me expreso como soy hablando por teléfono, andando por la calle o bailando…”, consideró, no sin alentar a quienes gustan del flamenco a bailarlo. “Qué más puedo decir, si les gusta y quieren, que bailen, que se dejen llevar por la danza en sí. Cualquier danza le puede aportar, que al final ya no solo es un aporte a su cultura, sino a la propia vida de uno. Hace bien bailar, escuchar la música, moverte, transmitir, expresar, dejarte llevar. Eso es maravilloso", concluyó Pérez.

Hay hombres que no se animan a bailar flamenco por miedo a la exposición de la emoción y del movimiento, como que buscan mantener esa apariencia dura… Pero vamos, que el flamenco no es ponerse una flor en la cabeza, mover las manos y contonear la cadera Hay hombres que no se animan a bailar flamenco por miedo a la exposición de la emoción y del movimiento, como que buscan mantener esa apariencia dura… Pero vamos, que el flamenco no es ponerse una flor en la cabeza, mover las manos y contonear la cadera

Oriundo de Sevilla, el maestro David Pérez destilará flamenco puro arriba y abajo del escenario

Seminario y show en el Teatro del Bicentenario

Los días 15 y 16 de julio el artista impartirá un seminario intensivo en el Instituto de Danzas Cádiz

El show en el Teatro del Bicentenario será el viernes17 de julio a las 21:30 h en la Sala Auditórium. Allí compartirá escenario con el guitarrista Diego Lorenzo y el cantaor Lisandro Aramayo, acompañados por la Compañía Aires de Cádiz bajo la dirección de Cuky Maestro. Las entradas generales para esta producción, tienen un valor de $25.000 y están a la venta en la boletería del teatro y en TuEntrada.com

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