En la previa de lo que será su función número 902, el reconocido actor y dramaturgo Mauricio Dayub regresará a San Juan para presentar, por segunda vez, El Equilibrista, un conmovedor fenómeno teatral que conecta directamente con la sensibilidad y el legado de los espectadores. Será el 7 de junio, en el Teatro Sarmiento.
Mauricio Dayub: "Trato de tener, arriba y abajo del escenario, los mismos valores, los mismos objetivos"
El fenómeno teatral El Equilibrista regresa a San Juan. Se presentará en el Teatro Sarmiento el próximo domingo 7 de junio.
“Hago un teatro que va más allá; directo a la gente”, destacó quien redefinió su búsqueda artística apostando a la poesía, al teatro implícito frente a un mundo actual sumido en lo explícito, la frialdad y las pantallas. En ese tren, el unipersonal -donde el intérprete y autor encarna mágicamente a diversos personajes, hilvanados por una historia común- invita a imaginar y a recuperar recuerdos a través de una puesta artesanal y emotiva.
De eso que quizás se la clave -o al menos, una de las claves- de su éxito, dentro y fuera del país, habló Dayub con DIARIO DE CUYO.
— ¿Octavo año de El equilibrista?
— Sí, es el octavo año. Más de 900 funciones. San Juan será la 902 exactamente. Más de 80 ciudades. Siete países. Más de 500.000 espectadores. Editamos el libro con Hernán Casciari, con Editorial Orsay… Y estamos volviendo a casi todas las capitales que ya hemos ido diciendo que es la despedida…
— ¿Y cómo es hacer tantos años una misma obra?
— Ay, cada vez más fuerte, porque, entre otras cosas, es un teatro que linkea directamente con la realidad. Cuando yo termino la función, salgo al hall a encontrarme con la gente y ahí me entero de cosas que son ecos de la vida de mis abuelos, de mis tíos, mis padres... gente humilde, sencilla, que ni siquiera se enteró que su propia vida podía resonar en la vida de otros. Y eso lo estoy viviendo como si fuera un legado, hay algo que estoy transmitiendo, que va más allá de lo artístico… Mucha gente me cuenta que le pasó lo mismo, a través de mi historia, cada espectador ve reflejada su propia historia. Entonces yo tengo que tratar de no hacerla en general para todos, sino tratar de transmitírsela a cada uno. Y eso me hace que cada función sea absolutamente diferente…
— ¿Sentís que se ha ido enriqueciendo con el paso del tiempo?
— Absolutamente. Y encima se han ido puliendo los momentos. Por ejemplo, Rada vino a ver el espectáculo y cuando terminó me dijo, yo te quiero hacer un regalo. Te quiero regalar un truco para que lo pongas donde creas. Y ahora me despido de mi familia italiana con ese truco que me regaló él. Y así tengo bocadillos y detalles que he ido incorporando y que hacen que el espectáculo esté absolutamente elaborado y acabado con una fineza que no es tan común.
— Mucha gente te dice que se ve, o que ve a sus familiares o conocidos, en algunos personajes…
— Yo redefiní el teatro que quería hacer antes de empezar a ensayar El Equilibrista. Venía de hacer ese éxito enorme que fue Tok Tok, y pensaba que como a todo actor que hace un éxito muy grande, lo que le seguía era esperar que pase otro éxito. Entonces dije, voy a aportar mi granito de arena al teatro argentino, haciendo el teatro que a mí me gustaría ver, que es que hace imaginar al espectador. Buscamos una figura de la literatura, que es la metonimia, la que muestra una parte para que el otro se imagine el todo y empezamos a trabajar en función de eso: de compartir mi historia, pero para que cada espectador refleje la suya. Y sí, un día, a pocas semanas de estrenar, una señora dijo, “cuando usted muestra el vestido, yo le puse la cara de mi abuela”; y ahí dije “me parece que logramos lo que nos propusimos”. A veces sale, a veces no sale, en este caso, salió como queríamos y a mí me da mucha satisfacción. El teatro se había tornado muy explícito y el que a mí me gustaba, cuando yo me apasioné por esto, era un teatro más implícito, que me lo estaba imaginando yo. Bueno, esta fue un poco la motivación de hacer un espectáculo así.
— Para que la magia suceda hace falta una buena dramaturgia y un buen intérprete, y en ambos está Dayub
— Y un muy buen director, porque yo tuve la suerte de dar con César Brie, que es un referente del teatro mundial que, cuando yo le transmití lo que quería hacer, lo potenció un montón. Y por lo que me toca a mí, fue una sorpresa. Yo llevaba años queriendo escribir y no podía escribir nada. Y la primera obra que escribí fue El Amateur, que ganó 17 premios. Ahí dije, “capaz que puedo ser dramaturgo”…
— Supongo que potencia a la hora de subir a escena…
— Cuando le llevé mi primera obra a un productor, me dijo, “yo no voy a invertir mi dinero en la ópera prima de un actor desconocido”. Y bueno, me tuve que erigir productor para poder hacerla. Y después me transformé en director porque quise hacer otra obra y el director no podía. Y así pasé a ser actor, autor, productor, director y también dueño de sala. Hace 23 años que tengo una sala en Palermo. Estoy afiliado a todos los rubros relacionados con el teatro y a mí me parece la mejor manera de hacer teatro porque puedo ponerme del lado del otro con facilidad. Yo me formé en el teatro independiente santafecino y ahí todos hacíamos todo.
— Es muy de las provincias ese teatro, donde hacés vestuario, vendés entradas y subís a las tablas…
— Exactamente, sí, es así. Y es una hermosa forma de aprender.
— ¿Y cómo una obra que tiene tanto de imaginación, de poesía, de artesanal, se inserta en el circuito más comercial?
— Con mayor actualidad porque la gente cada vez la necesita más. Si no, yo no tendría el éxito que tengo. Yo me doy cuenta que la dureza, la frialdad y la indiferencia del mundo potencian absolutamente el deseo de venir a ver El Equilibrista, para reírse, para emocionarse, para verse a sí mismo, para resignificar la propia vida, para entender la importancia de lo que nos liga a la sangre, de nuestra juventud, de lo que significa la finitud de la vida. Todas cosas que no cotizan en ningún mercado…
— ¿Valores?
— Exactamente. Y es que es lo que yo quiero para mi vida también. Yo lo necesito, me doy cuenta que el mundo no puede seguir como va. Yo no me hallo con el estilo cotidiano, naturalizado de no mirarse, de no escucharse, de no importarse... esta indiferencia en la que estamos sumidos creyendo que todo lo que necesitamos está en un aparatito…
— ¿Sentís que el teatro un poco es el refugio de todo esto?
— No el teatro como genérico, sino algún teatro es el que permite esto, porque hay teatro que apunta directamente al entretenimiento, a que el espectador se olvide de sí mismo. Hay como distintos objetivos. Cuando uno hace un teatro más linkeado a la sensibilidad, a la imaginación, a la evocación, ahí yo creo que sí, porque es un lugar de reflexión, de emocionalidad, todas cosas que el mercado no ofrece. El mercado ofrece otra cosa. Nos pasa cuando nos pasamos 45 minutos mirando Instagram y al final saliste absolutamente vacío…
— Entonces reformulo la pregunta ¿Creés que tu teatro es un pequeño oasis en este mundo?
— Sería muy jactancioso decirlo, pero lo busco. Trato de tener, arriba y abajo del escenario, los mismos valores, los mismos objetivos, por eso cuento historias propias o que signifiquen más o menos lo mismo que percibo. Cuando uno hace algo bueno, mejora el mundo para todos. Cuando uno hace algo malo, empeora el mundo para todos. Estoy convencido de eso.
La cita en el Teatro Sarmiento
El Equilibrista
- Día: domingo 7 de Junio
- Hora: 20:00 h
- Lugar: Teatro Sarmiento
- Entradas: Platea Baja - Filas 01 a 14: $50.000. Platea Baja - Filas 15 a 20: $47.000. Pullman: $45.000. Gradas: $45.000. En venta en boletería y Entradaweb.com.ar