Un superministro brasileño renunció ayer a su cargo, provocando un terremoto político que puede poner en jaque al presidente Jair Bolsonaro.
El ministro de Justicia de Brasil, el exjuez Sergio Moro, dejó su cargo ayer, lo que puede terminar en un juicio político contra Bolsonaro, al que acusó de varios delitos: entre ellos intentar interferir en investigaciones en curso de la Policía Federal contra los hijos del mandatario.
"Cuando asumí me prometieron carta blanca para actuar pero el Presidente quiso interferir en investigaciones de la Policía Federal", acusó ayer Moro, cuya salida se dio porque Bolsonaro echó sin consultarlo al titular de esa fuerza, el comisario Mauricio Valeixo.
Bolsonaro negó ayer las denuncias de interferencia en las investigaciones de la Policía Federal hechas por Moro, a quien acusó de buscar una nominación para ser el futuro juez del Supremo Tribunal Federal en noviembre a cambio de aceptar la salida del director de esa fuerza de seguridad.
"No puedo aceptar mi autoridad confrontada por cualquier ministro", afirmó Bolsonaro en un pronunciamiento y subrayó que "el gobierno sigue y no puede perder su continuidad por cuestiones personales".
Cacerolazos para exigir la renuncia de Bolsonaro se registraron ayer en barrios centrales de ciudades como San Pablo, Río de Janeiro, Salvador, Recife, Paraná y Porto Alegre, tras la dimisión de Moro, quien fuera juez federal de la ciudad brasileña de Curitiba.
Los cacerolazos habían sido registrados por última vez la semana pasada, con la salida del ministro de Salud, Luiz Mandetta, echado por Bolsonaro en plena pandemia de coronavirus.
Mandetta recomendaba el distanciamiento social para enfrentar la pandemia, cuya conducción fue marcada por el negacionismo por parte del jefe del Estado.
La oposición volvió a pedir ayer la renuncia de Bolsonaro y se sumaron pedidos al presidente de Diputados, Rodrigo Maia, para abrir el juicio político. El expresidente Fernando Henrique Cardoso aseguró que Bolsonaro debe "renunciar".
Es el momento más crítico del gobierno de Bolsonaro, sobre todo por el peso que tiene la figura de Moro, el juez que comandó la Operación Lava Jato y puso en prisión en 2018 al líder opositor y expresidente Luiz Inácio Lula da Silva por corrupción.
Moro fue convocado por Bolsonaro para obtener el apoyo de las clases medias que se levantaron contra el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula por el escándalo de corrupción conocido como Lava Jato.
De todos modos, el ultraderechista Bolsonaro mostró fuerza interna cambiando al jefe de la Policía Federal para obligar a Moro a renunciar. Bolsonaro ha mostrado un nuevo perfil para su gobierno, con la aproximación al "Centrao", el grupo de la centroderecha en el Congreso que es clave para formar mayorías. Ese sería su escudo para un eventual impeachment (juicio político) a partir de las denuncias de Moro.
Moro, que representaba a esa derecha vinculada al empresariado y al discurso de "honestidad", reconoció que hizo un acuerdo para que Bolsonaro le pagara la pensión de por vida a su familia debido a que debió dejar 22 años de magistratura para asumir el cargo.
La salida de Moro, considerado un "superministro" a partir de la fusión de los ministerios de Justicia y de Seguridad, representa una baja sensible para el gobierno. Para analistas, la clave de la destitución de Valeixo está en procesos que llevan al entorno familiar de Bolsonaro. Uno de ellos trata sobre la diseminación en las redes sociales de noticias falsas, las cuales se sospecha que pudieran ser originadas por grupos vinculados a Carlos Bolsonaro (hijo del presidente). Otra, intenta determinar si el senador Flavio Bolsonaro (hijo de Jair) participó en presuntos fraudes mediante la contratación de funcionarios "fantasmas".
- Trump sugiere uso de desinfectantes
Las reflexiones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre si inyectar desinfectantes podría tratar el Covid-19 horrorizó a médicos y planteó nuevas preocupaciones de que sus improvisaciones en las sesiones informativas lleven a personas ansiosas a envenenarse con tratamientos no probados.
Una serie de médicos y expertos de salud internacional pidió ayer a las personas no beber ni inyectarse desinfectantes después de que Trump sugirió que los científicos deberían investigar si ingerir el agente de limpieza podría curar el coronavirus.
"Esta es una de las sugerencias más peligrosas e idiotas hechas hasta ahora sobre cómo se podría realmente tratar el Covid-19", dijo Paul Hunter, profesor de medicina en la Universidad Británica de East Anglia. Inyectar desinfectantes probablemente mataría a cualquiera que lo haya intentado, agregó. "Es enormemente irresponsable porque, lamentablemente, hay personas en el mundo que podrían creer este tipo de tonterías y probarlo por sí mismas", agregó Hunter.
Trump dijo en su rueda el jueves que los científicos deberían explorar si la ingesta de desinfectante en el cuerpo de los contagiados podría ayudarlos a eliminar la enfermedad. "¿Hay alguna manera de hacer algo así mediante inyección o como una limpieza?", preguntó. "Sería interesante comprobarlo". El Presidente sostuvo ayer que había sido sarcástico cuando realizó los comentarios.
EEUU
La cifra de muertos por coronavirus en EEUU superó ayer las 50.000, según la Universidad Johns Hopkins, horas antes de firmarse una ley con ayuda por casi 500.000 millones de dólares para empresas y hospitales.
Reino Unido
El número de muertes registradas en hospitales del Reino Unido por coronavirus aumentó ayer en 684, hasta un total de 19.506 fallecidos desde que comenzó la pandemia, informó el Ministerio de Salud británico.
Vacuna
La carrera por una vacuna anti Covid-19 en la que están las farmacéuticas hace temer que el descubrimiento beneficie sólo a quienes puedan pagarlo, lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) quiere evitar.
Ecuador
El número contagios en Ecuador llegó a 22.719 después de que las autoridades sanitarias lograron procesar miles de pruebas que estaban rezagadas. El país andino reportó el jueves unos 11.183 casos.

