Para oficializarse la renuncia, ayer no hubo ninguna ceremonia especial, ya que como establece el Código de Derecho Canónico lo único que hace falta es que el papa renuncie en plenas facultades mentales y lo haga presente ante los cardenales, lo que había hecho ya el pasado 11 de febrero.
La única señal visible que anunció que Benedicto XVI ya no era papa fue el momento en el que se escuchó en el reloj del palacio las campanadas de las ocho de la tarde e inmediatamente la Guardia Suiza cerró la puerta del palacio de Castel Gandolfo, dando por concluido su servicio al papa Ratzinger y abandonando el lugar.
A partir de ese momento, la seguridad de Ratzinger está garantizada por la Gendarmería Vaticana.
Benedicto XVI permanecerá en Castel Gandolfo hasta que estén acabadas las obras de restauración del convento de monjas de clausura existente dentro del Vaticano, donde vivirá. Le acompañan en su nueva residencia sus dos secretarios y las cuatro seglares consagradas que le ayudan.