11 de noviembre de 2022 - 00:00

Crecer por atracción no por proselitismo

Hace unos años, en una entrevista radial, me presentaron como una militante proselitista de sus convicciones religiosas y éticas. Al principio me molestó, no por sus palabras. Siempre celebro y defenderé como un derecho no negociable, la libertad de opinión. Me molestó porque ellas me hicieron mirar al espejo. Algo debía estar haciendo mal para que su percepción sobre mi fuese el de una persona cuyo afán es convencer y ganar prosélitos. He aquí algunas reflexiones al respecto.

ATRACCIÓN SÍ, PROSELITISMO SÍ, PROSELITISMO NO

"La Iglesia -nos decía Benedicto XVI- no crece por proselitismo, crece por atracción, por testimonio. Y cuando la gente, los pueblos ven este testimonio de humildad, de mansedumbre, sienten la necesidad que dice el Profeta Zacarías: "Queremos ir con ustedes!".  Quien nos recordó esta hermosa enseñanza fue el papa Francisco, en la homilía de la misa matutina en la Casa Santa Marta (octubre, 2013). Creo que las palabras de Benedicto XVI son de una gran belleza y arrojan luz a este tema.

Pero veamos las diferencias entre ambos conceptos. El proselitismo es un conjunto de acciones que una persona o institución lleva a cabo para tratar de convencer a otras o ganar adeptos para su causa. En ese sentido, hacer proselitismo está más cerca de propaganda, publicidad o panfleto ligadas al marketing. Incluso para algunos es un concepto próximo al "lavado de cerebros". Nada más alejado de la noble vocación de expresar lo que pensamos y creemos, aún y sobre todo en ambientes hostiles donde falta empatía y sobre intolerancia. 

La atracción, por el contrario, no busca adeptos con cerebros lavados. Todo lo contrario. La atracción es una fuerza que tiene una cosa, en nuestro caso las ideas y convicciones, para atraer o hacer que una persona se acerque. Según su origen etimológico, deriva de "atractio", que puede traducirse como la acción y efecto de atraer hacia uno.

 LAS CLAVES DE LA ATRACCIÓN

Dicho concepto parte de tres elementos: la fuerza para atraer está ligada al convencimiento que mostramos, al testimonio personal y al respeto a la libertad del otro. En relación al primer elemento siempre he pensado que, a menor conocimiento y convencimiento, mayor incomprensión e intolerancia mostramos. En cuanto al segundo elemento resultan esclarecedoras las palabras de Pablo VI siguiendo a San Pedro (1Ped 3,1): "El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio".

El tercer elemento es clave: respetar la libertad de quien piensa distinto. El que pretendiera adoctrinar vulnerando la libertad de los demás hermanos, nunca entendió el mensaje de Cristo. La Iglesia propone, no impone nada: respeta las personas y las culturas, y se detiene ante el sagrario de la conciencia". (Redemptoris Missio 39).

SIN PROSELITISMO, PERO SIN CLAUDICACIÓN 

Lo dicho hasta aquí no significa claudicar ni esconder nuestras ideas ni convicciones. Hace unos años me invitaron a disertar sobre Educación Sexual en un Congreso a celebrar en una provincia no muy lejana. A los pocos días recibí una nota notificándome que el comité organizador, "prescindía" de mi ponencia por responder a una perspectiva sesgada desde lo religioso y moral. Por supuesto que daban las debidas disculpas del caso. A ello respondí, también en conceptuosa nota: "Agradezco la franqueza. Los motivos de la censura me confirman en el camino elegido". Pensar en ese momento me trae a la memoria las inolvidables palabras de José Manuel Estrada (1842-1894): "De las astillas de las cátedras destrozadas por el despotismo, haremos tribunas para enseñar la justicia y predicar la libertad".

 

Por Miryan Andujar
Abogada, docente e investigadora
Instituto de Bioética de la UCCuyo

 

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