El llamado popularmente "coyuyo", insecto también llamado cigarra o chicharra, junto a otras especies similares del noroeste argentino, es portador de un bagaje de creencias populares relacionadas con su canto y la flora autóctona. Tal canto, un tanto chillón y monótono, es emitido por los machos de forma continua desde el alba hasta el anochecer durante el inicio del verano, para atraer a las hembras. Cabe decir que el término "coyuyo", según algunos especialistas sería un vocablo originario del quichua santiagueño, otros consideran que es un americanismo o regionalismo. Dichas creencias le atribuyen a este insecto ciertos poderes que tocan el ámbito de las premoniciones, pues su prolongado canto anuncia con exactitud la madurez de las vainas de algarrobas. Tan arraigada es esta suposición, que aún hoy llegado el verano, muchos criollos están a la expectativa de su chirrido, el cual suele regir sus hábitos labriegos. Pero además se interpreta que este canto no sólo anuncia la maduración, sino que también posee una especie de poder "para ayudar a madurar" a las preciadas vainas, incluso se puede saber cuanto ha madurado el fruto y si la recolección resultará prolífica. Igualmente se piensa que su largo cantar suele ser fruto de una especie de borrachera generada por beber el brebaje del algarrobo. Cuando finaliza la recolección de vainas este insecto desaparece repentinamente, reapareciendo en la próxima madurez, hecho que no es atribuido a su letargo natural bajo tierra, sino que lo explican como algo misterioso e incomprensible, que no tiene esclarecimiento racional alguno.