çLa reunión entre Gobierno y campo arrancó con desconfianza desde ambas partes. Aníbal Fernández, del ala dialoguista del Gobierno, buscaba señales y abogó para que se pudiera llegar a algún acuerdo…y si no se llegaba a ese puerto, seguir en la búsqueda de propuestas para encontrar la salida de la crisis.
La gente del campo, con serenidad, no pudo ocultar cruces de miradas cuando Amado Boudou, Débora Giorgi y Emilio Eyras flanquearon a Fernández y la lectura fue casi idéntica: si el ministro de Economía y el titular de la ONCCA estaban allí, temas como el intervencionismo de mercados, cierre de exportaciones y atribuciones ya cuestionadas que ejerce la Oficina de Control Comercial, difícilmente podrían salir ayer de la maraña en que se encuentran.
Pero el diálogo puso primera, especialmente con el compromiso de Aníbal Fernández de agilizar y flexibilizar los temas que quiere analizar el campo y, en una línea les confirmó que se reunirán cuántas veces sea necesario.
La presencia de los funcionarios desvaneció, de entrada, la posibilidad de pedir cambios en esas áreas que, a la sazón, pilotean Guillermo Moreno y Ricardo Echegaray, dos incondicionales de Néstor Kirchner por quienes el campo tiene nula simpatía.
Sin embargo, los popes del campo pudieron plantear el malestar que les provoca el fuerte intervencionismo de la ONCCA y arrancaron una promesa de Fernández, a quien consideran ahora el interlocutor válido para el sector: se bajarán sólo al 30 por ciento los encajes de carne que debían mantener en cámara los frigoríficos, algo que permitirá elevar el tonelaje de exportaciones. Promesas, por ahora, pero acompañadas también por el compromiso "formal" del Jefe de Gabinete de flexibilizar la entrega de ROE Rojo. Las concesiones que hizo desde la ONCCA fueron el comienzo de una solución para un tema que se asemejaba a un callejón sin salida.
Eso sí, no habrá novedades sobre cambios en retenciones y éste es el punto que el campo deberá explicarle a sus bases. Una tarea nada sencilla, por cierto.
De todos modos, ambas partes aceptaron, de movida, que ayer no se llegaría a definiciones concretas, sino que sería el punto de partida del largo camino que esperan recorrer lo antes posible.
Con serenidad, pero sin mostrar todas las cartas, el campo insistió en la necesidad de aplicar un drástico recorte en las atribuciones de la ONCCA y de entrada, la dirigencia planteó la necesidad de cambiar la actitud desde el Gobierno o, dicho de otro modo, no crear expectativas sobre acuerdos que se quedan sólo en anuncios.
La dirigencia sabía que el Gobierno había pedido a Cheppi informes acerca de los precios de los insumos, arrendamientos, estimación de siembra de casi todos los cultivos. Los hombres del Gobierno buscaron, en todo momento, bajar el tono del diálogo para que ningún desacuerdo se transforme hoy en tribuna encendida cuando se inaugure Palermo 2009, inevitable caja de resonancia de la reunión de ayer.
Los funcionarios enviaron tibias señales, sin desconocer que antes de llegar, los ruralistas ya sabían que la presunción de los K en Olivos era que si el campo los encontraba débiles y cediendo espacios, la dirigencia iría por más y Fernández hizo esfuerzos ciclópeos para desactivar la posición que llevaron los ruralistas respecto de volver a los enfrentamientos estériles.
Para el campo, hoy el escenario para el debate es otro, con un parlamento cambiado diametralmente, así como que los instrumentos que acompañaron al Gobierno hoy están seriamente amenazados o desaparecieron. Por eso mantuvieron calma, cambio de actitud y recuperación de la confianza. La relación de fuerzas en el Congreso ha cambiado y después de cuatro años de desencuentros, los ruralistas saben que cuentan con mas viento de cola para emprender búsquedas de soluciones en otros ámbitos. Y el Gobierno no desconoce el tema.
