2 de febrero de 2010 - 00:00

El lado B del Festival

Si bien el Festival de Cosquín es el foco de atención de la cuidad cordobesa, hay un mundo a su alrededor que también capitaliza sus bondades -y oficia de oportuna previa-. No está lejos para nada. Basta mirar alrededor de la Plaza Próspero Molina y caminar unas cuadras. ¿El resultado? Una postal miscelánea de alternativas y con el mismo acento regional. Eso lo cotejó el numeroso público del domingo por la tarde que recorrió sus calles angostas, antes de que culminara la 50ma.edición. Caminando o en sus autos, gente de diversas edades -con predominio de cincuentones- visitó los famosos ranchos aledaños. Allí, montados en gigantescas carpas blancas, sobresalieron los fogones criollos más antiguos y tradicionales de Cosquín -sobre todo a la hora de probar locro o saborear cabritos de Aquilino (una delicia que vale 52 pesos la porción). A grandes rasgos, la mayoría no fue severo en precios y sirvió generosas porciones -claro que siempre está el vivaracho que abusa de la "luna top" (la última) y aniquila billeteras-. Por ejemplo, una costilla se podía comer por 35 pesos, un pollo con fritas promedió los 23 y un plato de locro 20 pesos. Hugo Morlachi, dueño de Tito’s, uno de los ranchos más visitados dijo que en una noche promedio "se venden 4 mil gaseosas, 4 mil quinientos choripanes y 14 ollas de locro". ¿Qué bebida es la vedette? El Fernet. Apasiona a los visitantes y residentes y supera en consumo a la cerveza. "Es lo que más sale", concluyó Hugo. Por más que el copón se adquiera por 35 ó 23 pesos y una birra por 15, sigue liderando el ranking de favoritos -y federalizando el espíritu cordobés-.

Sumando unos pasos más, se decantan las peñas. Son casi tabernas telúricas, donde se concentran artistas no tan iluminados como Soledad o El Chaqueño Palavecino -ausentes con aviso en la prueba de sonido del cierre del festival- pero reclutan gente y entretienen por un rato. "Son lo que no acceden a Cosquín. Tienen su público, pero no están en primera líne" dirá alguno por ahí. Pero los circuitos de peñas empapelan toda la ciudad promocionando a sus cantores y sirven para oxigenar la casi excesiva concentración al escenario Atahualpa Yupanqui. Algunas destacables son La Peña Oficial, Los 4 de Córdoba, Peña Onofre Marimón, entre otras numerosas. A 8 cuadras de la próspera plaza, los espectáculos callejeros del balneario Sud Nivelador (que bordea el río Cosquín) ofrecieron un clima de tertulia y entretuvieron con zambas y chacareras -son muy recomendados ni bien se pisa la city folk-. Elastizando las opciones, a 7 cuadras, se presenta una confitería ideal para los más cholulos. Sucede que cuando terminan sus recitales, estrellas como Jorge Rojas o Kike Teruel se pegan una vuelta y se toman algo ahí -en un pequeño VIP, claro-. También se distinguen como bar La Real y La Europea, ambas se abarrotaron con gran presencia de adolescentes cool. Al momento de relucir las ganas de hacer shopping, el destino favorito son las casas que venden productos regionales. ¿Qué lidera la preferencia a la hora del souvenir? Bueno, predominan los alfajorcitos de dulce de leche a base de miel y sin conservantes -muy avalados por el paladar cordobés-, los ponchos (desde 70 a 1400 pesos), los bombos legüeros (de 180 a 400 pesos) y las inevitables bombachas gauchas (80 pesos). "Para mi el cierre del festival es clave porque arrasan con todo y como viajan al otro día, regresan para comprar los que le quedó pendiente", dijo una comerciante. Números más, números menos, ahora sabe que puede tener más excusas para prolongar el tour serrano y disfrutar de un tentempié muy cosquinero.

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