Con el avance de la era digital ha surgido una nueva tipología humana proveniente de una rama de psicólogos e investigadores, que denominan niños "Z" (vinculada con el silencio), a infantes y jóvenes que pasan más de catorce horas frente a la computadora y otros aparatos digitales de gran atracción.
Este grupo etario se olvida de situaciones reales esenciales para la vida, como por ejemplo: estudiar, interactuar con otros, sociabilizarse a través del juego, comer y, aunque parezca una exageración, hasta el simple acto de tomar agua. En ese monólogo con la máquina encuentra su verdadero microcosmo. Esta apreciación no es un mero subjetivismo sino que nace de la observación de conjuntos diversos y grupos testigos de estas afirmaciones que nos llevan a pensar en la influencia directa que los medios electrónicos ejercen sobre su mente, empobreciéndola y creando una adicción más en el mundo amplio de lo diverso.
Estos niños tiene una conducta identificada a través de ciertas claves: padecen de un mutismo compatible con el más profundo de los silencios; una confusión de ideas que enfrenta situaciones concretas con la más perfecta de las ficciones; no progresan en sus vidas ni logran llevar a cabo ningún proyecto planificado. Hay que advertir ante qué clase de generación estamos y cómo harán los expertos para integrarlos a la comunidad.
La conducta de estos jóvenes es ambivalente y sobre ellos la cibernética actúa con una fuerte persuasión nociva para el descubrimiento de nuevas herramientas cognitivas y adecuadas estrategias laborales para conseguir su inserción social, ya que los niveles de implicación son muy grandes y se consideran protagonistas de singulares experiencias.
Desde la psicología individual y social como desde las neuro ciencias se están haciendo esfuerzos para lograr programas de adaptación en estos grupos que no deben contagiar a otros, para no producir masividad ni efecto "dominó”.
Cabe destacar al respecto que este tipo de comunicación se realiza por contacto a distancia, donde la incertidumbre del destinatario es sin duda uno de los campos más oscuros de la digitalización del mundo.
La investigación hasta ahora es empírica acerca de este fenómeno tan extenso y que necesita un enfoque ecléctico para abarcarlo en sus múltiples facetas a fin de que no sea esta una artificial construcción de un conflicto netamente humanístico y que no debe superar incumbencias de padres y educadores.
