El azul vistió ayer a tres generaciones de la monarquía holandesa en la investidura de Guillermo Alejandro y de su esposa, Máxima Zorreguieta, quien al igual que la ya princesa Beatriz y la nueva heredera, Amalia Catalina, han elegido este tono frente a los neutros de muchas invitadas.
La joven reina consorte, que nació en Barrio Norte el 17 de mayo de 1971, volvió a sorprender con un majestuoso vestido-capa largo en tono azul cobalto, al cuerpo, confeccionado en encaje y realzado con cristales y pedrería, firmado por el diseñador holandés Jan Taminiau. La capa que finalizaba en una pequeña cola, lo que contribuía a darle un porte regio durante la ceremonia de investidura.
El azul, símbolo de unidad y nacionalidad, pero también de fortaleza, también ha estado presente en la tiara que portó la nueva reina, una pieza realizada con diamantes sudafricanos y zafiros de Cachemira. Un fabuloso broche y un juego de pendientes de zafiros y brillantes completaban el aderezo de joyas.
Tocada con un discreto casquete, la princesa Beatriz de Orange apostó por un modelo azul con grandes estampados, más oscuros, y manga al codo rematada con un volante.
Sus nietas Amalia, Alexia y Ariane, que han permanecido a su lado durante la ceremonia, lucían sencillos vestidos de manga corta también en azul, tono que también adornaba sus dorados cabellos.
Un cromatismo que despertó la curiosidad y que no era casual.
Carlos Fuente Lafuente, director del Instituto Universitario de Protocolo de la Universidad de Camilo José Cela asegura que no es casual la elección de este color ya que el azul forma parte de la bandera holandesa.
‘Se trata de algo premeditado, un color con el que se intentan simbolizar dos cosas. Primero, indicar que este cambio entra dentro de un proceso de normalidad en un país establecido; y segundo, aportar una idea de unión generacional: de madre -la princesa Beatriz vestía de azul- a hijo, a través de su esposa, y de las ya princesas para darle continuidad‘ a la dinastía.
