Estudiantil estaba para jugar a las 19.30, Unión preparado para las 20. Los Albiverdes -que eran locales- calentaban en la cancha a las 19.45. Los Azules todavía se cambiaban en el camarín a esa hora. Cuando los de Rawson entraron a la cancha (19.55) los dueños de casa se enojaron y pidieron a los árbitros (Mario Márquez y Roberto González) que hicieran respetar el horario que estaba pactado. Hubo discusiones y enojos, pero parecía que se iba a jugar. Los árbitros citaron a los capitanes a mitad de cancha y allí apareció otro problema. La luminaria de la columna que da al costado Noreste no estaba en todo su potencial. Entonces el arquero visitante -Maxi Carretero- dijo que la iluminación en los arcos era distinta, algo que dificultaba. Evidentemente la mano venía mal. Estaba que el choque Estudiantil-Unión no se iba a jugar. Por una cosa o por la otra. Lo cierto es que la gente que fue a verlos (varios hinchas locales y también bastantes visitantes) se quedó con las ganas y empezó la retirada despacio y en orden.
