La Iglesia sabe de historia, por larga experiencia. Pero no es ella la encargada de organizar los festejos en memoria de los 200 años de rica historia que cumplirá la Argentina el año que viene. Sin embargo hace su contribución. Y lo hace a través de un documento que emana la Comisión Nacional Justicia y Paz, del episcopado argentino. Un tema recorre todo el documento: la inclusión social de todos los ciudadanos argentinos en el sistema social.
Son varias las preguntas, pero entre ellas: ¿Cómo debería encontrarnos como País el 2010? Para que tengamos Memoria y Proyección, Justicia y Paz en el documento "Hacia el bicentenario 2010-2016", piensa que las Metas a perseguir con entusiasmo son:
* Valorar la familia y el respeto por el valor "vida humana". Los argentinos somos amantes de la familia
* Avanzar en la reconciliación entre los diversos sectores. Los argentinos hemos de aprender una vez más a mirarnos como hermanos, a leer nuestra historia en clave de fraternidad y nuestro futuro en clave de esperanza. Un país dividido difícilmente crece.
* Alentar el paso de habitantes a ciudadanos. He aquí una meta clave para la identidad argentina: lograr este cambio cultural de significativo alcance. El nº 34 del documento nos dice: "El habitante hace uso de la Nación, busca beneficios y sólo exige derechos. El ciudadano construye la Nación, porque además de exigir sus derechos, cumple sus deberes". Es bueno haber perdido el miedo a defender los derechos, pero no olvidemos el correlato: tenemos deberes de los cuales hacernos cargo.
* Fortalecer las instituciones de la República, el mismo Estado y las diversas organizaciones civiles. Aunque a veces no se vea claro, la calidad de vida de la gente está fuertemente vinculada a la salud de las instituciones que la Constitución ha señalado. La calidad institucional es el camino más seguro para lograr la inclusión social.
* Mejorar el sistema político y la calidad de la democracia. Ello se logra también con la amplia participación de toda la ciudadanía en la solución de todos los problemas, para superar el hábito de los reclamos esporádicos y agresivos, y encauzar propuestas de largo alcance. Así, se construye una democracia no sólo formal, sino real y hecha entre todos. Esta democracia que tanto costó conseguir y que, impregnada de valores y resultados, ha de ser orgullo de la patria.
* Afianzar la educación y el trabajo como claves del desarrollo e incluso de la justa distribución de los bienes. La educación es de suyo, generadora de inclusión social. Es alarmante la cifra de que dice que hay más de un millón de jóvenes entre 14 y 25 años de edad, en el gran Buenos Aires, que no estudian ni trabajan.
* Implementar políticas agroindustriales para un desarrollo integral. Concretar un programa agropecuario integra a todo el país en lo que está vinculado a las tareas de la tierra. En esto, no se debe olvidar el aporte de los pueblos originarios, a quienes hay que favorecer el derecho a la propiedad de la tierra que habitan y trabajan.
* Promover el tan anunciado federalismo, sueño de nuestros próceres, lo cual supone la justa autonomía de las provincias y sus municipios con relación al poder central, no sólo en cuanto al gobierno de esas parcelas, sino en relación a la coparticipación de los recursos.
* Profundizarla integración en la región, por ejemplo la del Mercosur y otras a nivel global. Los retrasos en la integración tienden a profundizar la pobreza y las desigualdades.
Estas orientaciones de poco valen si los dirigentes y el pueblo no se renuevan en sus corazones. Forjarnos en el aprecio y el ejercicio constante de los valore sociales. Sin virtudes personales, es imposible que los buenos logros provengan de planes nacionales provinciales. Todo reclama un ahora impostergable que incluye a cada argentino. La fe en Jesucristo, Señor de la historia, es el punto de partida de todo renacer en solidaridad y armonía.
