La educación y la formación de los educandos en nuestra nación están en relación directa con el proyecto de país que queremos. Todas las actividades culturales, educativas e incluso los congresos que se realizan en el marco del Bicentenario y que proponen verdaderas experiencias ya cuentan con un profundo trabajo documentado a disposición de las autoridades del gobierno educativo, docentes y agentes comunitarios que se ha constituido en modelo como propuesta para defensa de los derechos del docente y rescatar su rol social en el marco de una educación popular acorde a una política de acción que permita reivindicar la instalación de la profesionalización de la educación y que aspira a jerarquizar al profesor no sólo como trabajador sino como profesional
No ha sido tarea fácil establecer -por el concepto que la comunidad educativa tuvo del maestro y del profesor- una concepción significativa que propicie una nueva visión superadora. Sin embargo una propuesta como "’Desafíos del paradigma que jerarquiza al docente profesor como profesional de la educación” ha sido valorada oportunamente y coincidentemente cuenta con el aval de una importante cantidad de docentes pertenecientes a la agrupación Renacer Docente y que presentaron públicamente ante la comunidad el proyecto de "’rescatar el rol social del maestro para instalar en el sistema educativo y en la comunidad una jerarquía profesional que eleve al docente.
Jerarquizar al profesor implica que como orientadores educacionales en la problemática comunitaria con función social deban en lo familiar, escolar e institucional y en los que a su perfeccionamiento refiera, observar necesariamente tres ejes fundamentales: La formación humana del educador, la formación socio política y cultural y la formación pedagógica profesional.
El desafío más decisivo de éste nuevo paradigma es crucial y trascendente de cualquier política o estrategia ciudadana y está en la educación, pues quien enseña, debe demostrar su grado de compromiso social y transferir sus resultados a la práctica diaria. Estamos hablando de transferir los resultados educativos de prácticas concretas al medio social, pues de lo que se trata es de brindar una excelente calidad de la enseñanza procurando la calidad de la educación.
La trascendencia de esta experiencia se incorpora entonces en nuestro modelo de educación popular que actualiza los presentados oportunamente por Sarmiento, donde el pueblo debe asistir a la escuela, y Paulo Freire, donde el pueblo participa de su enseñanza, publicándose así una innovación en cuyo diseño el pueblo es "’actor de la enseñanza” a través de la gestión del mismo profesor que impulsa el proyecto de transferencia educativa al medio social y comunitario, incluyendo a alumnos y agentes comunitarios en tal figura. Esta etapa supone reconocer los procesos personales mediante los que se garantiza el rol de "’profesor”. Cuando el profesor toma una actitud hacia los educandos, esa conducta conlleva el germen del perfil profesional. Sin éste, sería prácticamente nula la posibilidad de evaluárselo porque no se manifestaría cómo asume tal perfil.
Puedo tener una actitud de referencia y disposición óptima hacia el educando o grupos de estos, pero si tal actitud no se conforma con el perfil profesional de quien se ha formado específicamente para la carrera docente de profesor, esa representación adolecerá de los perfiles acordes al modelo de referencia, es decir, al del profesional de la educación.
Por ello afirmo que el soporte de la disposición que el educador debe tener, tiene que corresponderse con una actitud tal que surja de su propia identidad profesional.
Este soporte nos introduce de alguna manera al modelo de paradigma presentado, requerido para el educador y que está formado por la tríada: título docente de profesor por el profesorado; legislación para la carrera docente y su colegiación, y ejercicio profesional para todos los sistemas educativos. Por tanto será un eficaz servicio la promoción de este proyecto y su inclusión en el ámbito educativo.
