En Argentina, el 84,2% de las personas que sufren discapacidad, la adquirieron por accidentes domésticos, de tránsito o realizando deportes; hechos violentos y desastres naturales, o por enfermedad y vejez. Solamente el 15,8% nace con una discapacidad por causas genéticas, por problemas en el parto o por enfermedad de la madre durante el embarazo. Estas cifras que aporta la Encuesta Nacional de Personas con Discapacidad (ENDI), sacan a luz una realidad invisible que expone a todos a la posibilidad de padecerla.

En la gran mayoría de los casos, la discapacidad se provoca en el curso de la vida en interacción con un contexto hostil. Un elevado índice de accidentes de tránsito, la inseguridad descontrolada, catástrofes naturales que se suceden cada vez con mayor frecuencia, jóvenes con serios problemas de adicción a las drogas, mujeres de bajos recursos malnutridas y que no se realizan los controles médicos necesarios durante el embarazo, son sólo algunas de las causas que llevan a las personas a perder alguno de sus sentidos, de manera temporaria o de por vida.

Las cifras del ENDI señalan que el 24% lo hace entre los 0 a los 4 años, seguidos por el 19% de los 50 a los 64 y, en tercer lugar, por el 16,4% de los 30 a los 49. Estos datos muestran la imperiosa necesidad de trabajar en la prevención en lo referente a los controles médicos de los recién nacidos, como también de las medidas de seguridad que se pueden tomar en el cuidado de los más chicos y los lugares de trabajo. Es necesario que se eduque en que muchas deficiencias o daños pueden ser prevenidos con simples cuidados.

Habría que abandonar posturas fatalistas que interpretan la discapacidad como algo mágico o predeterminado, como marca o estigma de nacimiento, castigo o predestinación y frente a lo cual nada puede hacerse. Se trata de reconocer el problema y orientar conductas preventivas, ejecutivas y efectivas. La discapacidad puede afectar a cualquier persona, alcanzar su hogar e involucrar a sus miembros. Presentar el tema de sus causas u orígenes debe inducir a una reflexión profunda y responsable que pase por reconocer la complejidad de su constitución y así mismo, la perspectiva de su evitabilidad.

Se debe trabajar para eliminar todo tipo de barreras, y especialmente de actitud, que impidan o dificulten la participación e integración de las personas con capacidades diferentes, sigue siendo un desafío actual.