20 de julio de 2011 - 00:00

La tragedia somalí

Una prolongada sequía, hambruna crónica y el terrorismo, son los pilares de la tragedia que azota a Somalia, la convulsionada nación africana que en toda su historia ha buscado la solidaridad internacional. El Papa Benedicto XVI lanzó un dramático pedido de ayuda humanitaria el domingo pasado, y ayer hizo su propia donación de 50.000 euros para asistir al Cuerno de Africa.

Somalia sufre la peor sequía de los últimos 60 años, afectando la hambruna a once millones de personas. El problema climático es mucho más que una sequía, ya que hace alrededor de tres años que no llueve y sin cosechas se terminaron las posibilidades de subsistir, con la cruel alternativa de morir en el lugar o emigrar sin saber cuál será la suerte a correr. El caos somalí se ve agravado por la presencia del grupo terrorista Al Shabab, vinculado a Al Qaeda, que ha secuestrado a todos los hombres para que combatan para ellos, mata a los que se resisten, o a quienes responden al Gobierno. Tampoco permite que el resto de la población hambrienta se acerque a las zonas controladas por los organismos internacionales, según han comprobado los cuatro entes de la ONU que atienden el drama: el Fondo para la Infancia (UNICEF), el Programa Mundial de Alimentos, el Alto Comisariado para los Refugiados (ACNUR) y la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios.

La guerrilla busca derrocar al Gobierno Federal de Transición somalí, respaldado por la comunidad internacional, e instaurar un Estado radical musulmán de corte wahabí. Somalia vive sin Gobierno efectivo desde 1991, cuando fue derrocado el dictador Mohamed Siad Barre, y pasaron a controlar su territorio señores de la guerra tribales, milicias islámicas y bandidos.

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