La última tanda de ‘Calvados extra añejo de Calingasta’ que salieron de San Juan, lo hicieron por remate público y ocurrió en el 2000. Se trató de 4.500 botellas que fueron compradas por un sola persona y por la irrisoria cifra de 1,80 pesos por botella (en góndola podía valer en esa época unos 25 pesos). Según da cuenta la edición del 4 de marzo de ese año de DIARIO DE CUYO, el vendedor fue un viejo empleado de la destilería -Gregorio Daniel Allende- que se quedó con las botellas para cobrarse una vieja deuda. En el remate hubo 4 interesados y quedó en manos de Néstor Fabián Robles, un hombre desconocido que, según explicaron en su momento, representaba los intereses de un acaudalado empresario porteño que prefirió resguardar su identidad.