La consigna fue la de siempre, desde que fue creado en 2016, el encuentro de dibujantes aficionados y profesionales fue celebrado con el arte en vivo. Ayer, los espacios del Museo de Bellas Artes Franklin Rawson latieron al ritmo marcado por la expresión espontánea de pinceles, crayones, lápices y otros elementos en manos del público. La Séptima Edición de la Noche del Dibujo tuvo nuevamente el colorido de una experiencia compartida por todos y todas, de todas las edades y de todas las pertenencias o identidades. En la explanada, un grupo de performers, acompañados por luces LEDS y reflectores daban la bienvenida a una fiesta abierta donde podía la imaginación liberarse entre líneas, colores, sonidos y melodías. Mientras el DJ Shaku ambientaba con música electrónica la entrada del complejo, rápidamente las mesas dispuestas se colmaron de practicantes para dibujar. Unos modelos rotaban en distintos turnos y posiciones para que sean tomados y registrados en el papel. Algunos utilizaban caballetes, otros preferían armar murales con otros materiales. Hubo todo tipo de intervenciones, desde el dibujo simple, hasta el croquis y la representación abstracta o figurativa. Cada quien elegía lo que más prefería.









