Sin distinción de edad, ni de condición social, cada vez son más las mujeres adultas que han incorporado la informática y la tecnología a sus rutinas. Al punto de volverse dependientes. Muchas de ellas, son alumnas de los cursos que dictan distintas instituciones (entre ellas el PAMI, la Universidad Nacional de San Juan, inclusive el gobierno), alternativa que les dio la suficiente confianza como para empezar a probar por su propia cuenta con el teclado y el mouse pero también que las hizo derrumbar aquellos mitos que les hacía creer que "los cables, las computadoras, la tecnología está hecha para los hombres”.
Ni inútiles, ni superdotadas. Lo cierto es que cada vez con mayor frecuencia, ellas -especialmente las adultas mayores- dejan miedos, prejuicios y mandatos de lado para animarse a apretar ese botón mágico que no sólo enciende un aparato lleno de datos y dotado de chips y memoria, sino que las lleva a explorar aquellos mundos remotos y multifacéticos que hasta ese momento estaban a millones de años luz en sus vidas. Sin lugar a dudas, para el género femenino que no tuvo la oportunidad ni de crecer en la generación de los "nativos informáticos” ni tampoco de estudiar computación como quien lo hacía tradicionalmente con lengua y matemática, encender una PC o una notebook y tener acceso a internet, es una forma más de demostrar que "se puede”.
"A la gente que va a los cursos que dictamos desde el Ministerio de la Producción yo les cuento mi experiencia en primera persona. Yo no tenía idea de lo que era una computadora pero no tenía más alternativas que estudiar de manera virtual porque ya era grande y tenía hijos y mucho trabajo. A los 40 años egresé de la primera promoción de la primera universidad virtual argentina, la Universidad de Quilmes. Me enorgullece haber pensado y concretado este proyecto piloto de acceso a las nuevas tecnologías que es único en el país. Pero además me encanta que la mayor parte de las beneficiarias sean mujeres’, comparte Josefina Vaca, para quien el secreto del éxito del aprendizaje con las mujeres productoras pasa por derribar las barreras materiales (se les presta computadoras de un CIC) y las emocionales (se les demuestra que son hábiles para manejar computadoras como cualquiera). Vale aclarar que algunas de las participantes de estos cursos ni siquiera saben leer o escribir. Eso también lo aprenden.
Pero no es la única experiencia. Según Américo Sirvente a las clases de computación del UPAMI (Universidad para Adultos Mayores Integrados, un programa destinado a jubilados interesados en ocupar su tiempo en aprender conocimientos que brindan docentes universitarios en forma gratuita) van por año 150 personas. De ellas, un 90% son mujeres de entre 60 y 85 años.
"Desde hace 4 años que vemos que todos vienen con un poco de miedo y sufren pensando que al tocar un botón les va a borrar todo, pero por suerte cuando aprenden un poco cambian de actitud. Y eso es muy bueno porque la actividad, más allá de lo que logran, los vuelve a la vida, les refuerza el autoestima y los pone en igualdad en sus relaciones sociales. Eso es darle vida a los años”, cuenta el coordinador de estas clases que por supuesto tienen una cuota extra de paciencia y motivación.
"Hay muchos perjuicios y preconceptos. Por suerte, hay señoras que no tienen problemas en romperlos. Y las que ganan son ellas porque aprender y participar les da apertura mental, revalorizan el estar integrado al mundo que los rodea, tener el mismo código que sus nietos”, asegura.
La voz de la ciencia
No hay factores físicos ni neurológicos que indiquen ventajas cognitivas de los varones respecto de las mujeres a la hora de usar la tecnología. Si, algunos estudios han demostrado que "las mujeres responden mejor que los hombres en tareas de lenguaje, incluso lo suelen desarrollar a edades más tempranas, así como a realizar tareas manuales sofisticadas con mayor facilidad
los hombres muestran una mejor performance en tareas de razonamiento matemático (especialmente en problemas y planteos de geometría) y tienen habilidades relativamente más altas para rotar objetos mentalmente, distinguir objetos del fondo sobre el cual se presentan y dar en el blanco de un objetivo que se encuentra a distancia. De todos modos, todas las diferencias cognitivas que se han reportado en trabajos científicos no son más que generalizaciones que se realizan en estudios de grupo, que de ninguna manera están libres de discusión y debate, pues los métodos utilizados no son siempre los adecuados. En estas investigaciones no podemos dejar de lado los factores socioculturales, porque la construcción social del género conlleva a que hombres y mujeres tengan acceso a distintas actividades y reciban entonces una diferente estimulación, que, a largo plazo, les permitirán desarrollar habilidades distintas”, explica la neuropsicóloga Luciana Vita -una de las propietarias de Sinapsis, el instituto de neurociencias aplicadas- que trabaja en consultorio con adultos mayores con trastorno de memoria.
"En mi experiencia, hay una clara diferencia entre hombres y mujeres: ellas se preocupan por tener un envejecimiento con mayor calidad entonces consultan, se preocupan, buscan prevenir porque no quieren ser una carga para la familia. La mujer se caracteriza por tener proyectos post- jubilación, se anota para hacer cursos, para seguir aprendiendo y estando activa ahora que ya no tiene que criar hijos. Se plantea desafíos que mantienen en forma el cerebro. En cambio los hombres tienen otra actitud”, saca conclusiones la profesional especializada en neurociencias.