El segundo párrafo de la carta de la Presidente de la Nación, doctora Cristina Fernández de Kirchner, vinculada a la muerte del fiscal Alberto Nisman y publicada a través de las redes sociales dice que "En el caso del ¿suicidio? del fiscal a cargo de la causa AMIA, no sólo hay estupor e interrogantes, sino que además una historia demasiado larga, demasiado pesada, demasiado dura, y por sobre todas las cosas, muy sórdida. La tragedia del atentado terrorista más grande que se produjo en la Argentina".
Han pasado más de 20 años desde que una bomba explotó en la sede de la AMIA en Buenos Aires, 85 víctimas, entre ellos un sanjuanino.
La sociedad se transformará en una víctima más si los ciudadanos no entendemos que lo peor que podemos hacer es permanecer indiferentes ante la injusticia, ante la sospecha de la existencia de pactos de impunidad, ante la mínima posibilidad de que el atentado y la muerte del fiscal que la investigaba terminen en un espiral de razonamientos vagos e inconducentes, cuando lo que la sociedad toda pide justicia.
Entendemos que gradualmente la sociedad se transforma en comunidad, que aspira a la común unidad en el compromiso de encontrar respuestas, de no ser indiferentes, de encontrar justicia.
Las últimas acciones del fiscal están orientadas a referir que el Memorándum de Entendimiento firmado con la República Islámica de Irán, surge en el marco de una intención espuria de eliminar la responsabilidad de terroristas de dicha nacionalidad en el mayor atentado que sufrió nuestra república.
Las víctimas del atentado, no piden acuerdos, piden justicia.
Nuestra institución, al igual que lo hizo la DAIA y AMIA, expresó que el memorándum suscripto no era un instrumento que permitiera llegar a los culpables, parece más un elemento creado para demorar los avances, para permitir que un sujeto que era sospechado de responsable se pusiera a definir con una de las víctimas (nuestro país) como se podría llegar a una verdad sobre el tema, dejando de lado las funciones jurisdiccionales que hacían al juzgado con competencia en la causa.
Creemos que los poderes del Estado, con el antecedente de la falta de acción del Estado de Irán y la existencia de fallos en el sentido de la inconstitucionalidad del memorándum podría tomar los caminos propios para dejarlo sin efecto.
Sería una acción responsable, en el sentido de que si entendió que el memorándum era un camino que permitía hacer justicia, el tiempo, los hechos, la sensación social y los pronunciamientos judiciales marcan el sin sentido de dicho acuerdo. Ni qué hablar si mínimamente el memorándum es fruto de un acuerdo de impunidad.
Es necesario que un fiscal con compromiso y vocación de justicia tome los elementos que hicieron a la investigación de la unidad fiscal abocada al atentado de la AMIA para que en base de las pruebas existentes avance hacia la obtención de la verdad del caso, como es necesario que se investiguen los hechos que hacen a la reciente muerte del fiscal Alberto Nisman.
Respecto al juicio por el atentado a la AMIA, se requiere mostrar la voluntad en avanzar en base a las pruebas recolectadas, aquellas que justificaron las circulares rojas de Interpol, y entendemos que la necesidad de que se juzgue en ausencia a los sospechosos es el camino claro y cuasiobligatorio.
Hace poco todos miramos hacia París donde terroristas realizaron dos repudiables acciones terroristas: el asesinato de doce personas en la redacción de Charlie Hebdo y el de cuatro personas en un supermercado kosher. Si seguimos mirando a París veremos que en dicha ciudad los tribunales condenaron en un juicio en ausencia al asesino Alfredo Astiz por la desaparición de dos monjas francesas. La necesidad de justicia obliga a los tribunales a avanzar, sobre todo ante la magnitud de crímenes como a los que nos estamos refiriendo.
El estupor que nos genera la muerte del fiscal, la necesidad de expresar a sus familiares el pesar que nos embarga por lo ocurrido, van de la mano con la necesidad de manifestar que la construcción de una sociedad justa parte de no ser indiferentes ante los hechos mencionados, a lo irrenunciable de dar respuestas a la necesidad de justicia.
Escribimos demasiadas veces la palabra justicia, no hay sinónimo ni palabra más acorde para lo que todos queremos.
(*) Presidente de la Comisión Directiva de la Sociedad Israelita de Beneficencia de San Juan.
