¿Cómo es el amor en los tiempos del colesterol? "Difícil y complicado", responde sin dudar Gabriela Acher. Se trata del unipersonal que trae a San Juan el viernes y con el que Fundación Protea inicia su temporada (ver aparte), en el que la humorista despliega desopilantes monólogos-contenidos en el libro del mismo nombre- sobre las relaciones en determinada etapa de la vida.

Uruguaya de nacimiento, pero instalada en Buenos Aires desde la década del 70, debutó en el exitoso ciclo de humor Telecataplúm, junto a Ricardo Spalter y Berugo Carámbula por nombrar algunos, en los años 80, en Comicolor se hizo popular con la creación de su personaje Chochi la Dicharachera (que sólo hablaba con palabras con ch), y en los ’90 acompañó a Tato Bores ganando un Martín Fierro por su rol humorístico. Un día, Acher, decidió volcar sus historias al papel y tuvo una nueva perspectiva. Desde entonces, recorre los escenarios llevando su propio espectáculo para el que reírse es el único requisito de admisión.

-¿Por qué hay pocas mujeres humoristas?

-Hay pocas mujeres humoristas porque a los varones no les gusta. En una universidad de Estados Unidos se hizo una encuesta preguntando a las mujeres y a los varones qué era lo que temían del sexo opuesto: las mujeres respondieron "a la violencia física", y los varones dijeron que lo que más temían era que se rieran de ellos.

-¿Y cuesta ser bien recibida como mujer, con este tipo de humor?

-No, al contrario hace varios años que me dedico al unipersonal, a los libros y he tenido una respuesta maravillosa de parte del público. Quizás cuando empecé en 1993, con Memorias de una princesa judía, recuerdo que contaba algunos chistes en ese momento algunos quedaban medio fríos, ahora nada que ver, aquello es hasta ingenuo.

-¿Y qué cree que generó ese cambio?

-Es esta revolución de la mujer, hemos pateado el tablero hace rato. Hemos conseguido de mujer muchas cosas, no todo por supuesto, para mi gusto estamos todavía demasiado enamoradas del lugar de objeto y desesperadas por permanecer jóvenes. En este espectáculo hablo de esto, pero por supuesto que es atrevido en el concepto, pero nunca haría algo de mal gusto y que moleste a alguien.

-¿Los hombres se animan como público?

-Sí, se matan de risa. Pero además estas mujeres que me escriben todas quieren un hombre, las casadas, aburridas del marido, las solteras, deprimidas sin un hombre, en todas el hombre sigue estando en el centro del universo de la mujer y esto a ellos les hace bien. Yo primero me río de mí misma y eso me da derecho a reírme de los demás.

-¿Qué destaca de sus inicios?

-Entré en el segundo año de Telecataplúm, cuando se vendió a Buenos Aires y empezamos en El trece. Yo era muy jovencita y tuve la gran fortuna de comenzar mi carrera en ese programa, la mejor escuela de humor del mundo, que estaba escrito por dos genios Jorge y Daniel Scheck, personas de gran cultura, con un humor blanco, que disfrutabas cuanto más conocieras del mundo. Yo aprendí mucho con ellos y trato que ese humor siga esa línea.

-Y en ese momento, ¿cómo era ser cómica?

-Al principio fui bien recibida, la dificultad empezó cuando tuve algo para proponer. Por muchos años fui una actriz que tomaba los libretos y los interpretaba lo más gracioso posible, hasta que llegó Comicolor (año 82), me aburrí de lo que me escribían y decidí escribir para mí y surgió "Chochi la dicharachera", un personaje que la gente me pide hasta hoy; pero mis compañeros pidieron que al año siguiente yo no escribiera mis libretos y ahí me fui, por supuesto. Me fui dando cuenta lo que es para una mujer tener su propia opinión y decirla en voz alta. Empecé a hacer mis libros y los unipersonales que fueron el descubrimiento del teatro, porque aunque había hecho teatro antes, así descubrí la magia de la risa compartida, al unísono, como una meditación, el otro actor es el público, estamos conectados todo el tiempo.

-¿O sea que privilegia el teatro por sobre el cine y la tele?

– Estuve enamorada 40 años de la televisión, pero ahora es como un exmarido, la quiero, pero ya no me calienta; y el cine es una tragedia para mí, son horas para filmar un minuto.

-¿Cómo hace Gabriela Acher para estar vigente?

-Tiene que ver con la observación, con una decisión mía de reciclarme, de querer seguir estando, de darle cosas al público…

-Algunos lo intentan pero no lo logran, ¿cuál es la clave?

-¿El talento? (risas) También la voluntad de estar conectada con la gente.