"No vaya a ser que me estés haciendo el cuento del tío", le advirtió la jubilada a ese hombre bien vestido, que fingió ser "el contador Gonzalo Díaz", mandado por su hija desde un banco. "No, nada que ver", dijo el sujeto, que desapareció luego de recibir los 7.550 dólares (963.380 al precio oficial del dólar turista de ayer) y numerosas joyas de oro que eran de su hija y que atesoraba como nadie, porque con ese dinero tenía un sueño: comprar una carpeta del IPV para poder tener su propia casa, una donde su madre no tenga que subir y bajar escaleras como ahora, a causa de los múltiples problemas de salud que padece: diabetes, hipertensión, problemas de corazón y oculares. Habían pasado unos minutos de las 13 de ayer cuando esa mujer de 68 años bajó hasta la planta baja de su departamento en Rawson, convencida de que había hablado por teléfono con su hija, quien le recomendaba juntar los billetes de 100 pesos para cambiarlos por otros porque sólo quedarían en circulación los del ciervo; también los dólares porque algunos dejarían de circular y las joyas de oro (cinco anillos, cuatro cadenas, un reloj y tres pulseras, más otra de oro y plata), porque había abierto una caja de seguridad en el banco para guardar todos esos valores.

